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domingo, 2 de mayo de 2010

Conyugalia: Sexo: lo que no exige el guión de cine

“Sexo: lo que no exige el guión de cine”

reportaje de ana sanchez de la nieta / www.aceprensa.com /

lunes 19 de abril de 2010

Hace unos días saltaba a los medios una noticia curiosa. La cadena americana ABC había echado a un actor por negarse a rodar escenas de sexo. El actor es Neal McDonough, 44 años, bastante conocido por sus apariciones en películas como Minority Report o Banderas de nuestros padres, y por series de TV como Hermanos de sangre o Mujeres desesperadas. Acababa de empezar el rodaje de Scoundrels, una nueva serie de la ABC, y se negó a interpretar una escena de sexo explícito con Virginia Madsen. La cadena decidió sustituirle por otro actor.


La noticia ha dado pie a un sinfín de comentarios y explicaciones. Los medios han publicado que la razón de la negativa es que McDonough es católico, con firmes creencias religiosas y tienen mujer y tres niños pequeños. Por eso se niega a interpretar este tipo de escenas.


En los medios digitales –los más dados a este tipo de debates– miles de internautas han apoyado masivamente la decisión del actor. A juzgar por los comentarios a esta noticia, abrumadoramente positivos, se deduce que la coherencia sigue siendo un valor en alza. Son mayoría las personas que alaban la decisión de McDonough y elogian que una persona sea capaz de perder un millón de dólares (que es lo que ha dejado de cobrar) por actuar en conciencia y por respeto a su mujer y a su familia.


Los que critican la decisión del actor –además de la cadena, claro– lo hacen señalando que no ha tenido los mismos inconveniente al interpretar papeles violentos.


Sexo y violencia, muy diferentes

Además del lógico sentido común –presente en muchos de los comentarios de estas webs, como el de la mujer que señalaba que, si su marido fuera actor, prefería mil veces verle disparando que en la cama con otra mujer–, en este punto, viene bien releer al crítico francés André Bazin, mentor de Truffaut y Rohmer, inspirador de la Nouvelle Vague e impulsor de la revista Cahiers du cinema. Bazin explica en su célebre libro Qué es el cine como la representación del sexo y la violencia son absolutamente diferentes.


Bazin afirma que la gran diferencia es que las escenas de violencia se representan mientras que las sexuales, en cierto modo, se viven. “Si se muestra en la pantalla un hombre y una mujer con un vestido y postura tales que sea inverosímil que al menos un comienzo de consumación sexual no haya acompañado a la acción, yo tendría derecho a exigir en un film policiaco que se mate verdaderamente a la víctima o al menos que se la hiera más o menos gravemente. Y esta hipótesis no tiene nada de absurdo, porque no hace mucho que el asesinato ha dejado de ser espectáculo, para los romanos, los mortales juegos de circo eran el equivalente a una orgía”.


Bazin señala como –a diferencia de otras artes representativas, como la pintura– “en el cine a la mujer incluso desnuda se la puede desear expresamente y acariciarla realmente y, sin embargo, si queremos permanecer en el nivel del arte debemos mantenernos en lo imaginario. Debemos poder considerar lo que pasa en la pantalla como un relato que no llega jamás al plano de la realidad, o en caso contrario, me hago cómplice diferido de un acto, o al menos una emoción, cuya realización exige intimidad. Lo que significa que el cine puede decir todo pero no puede mostrarlo todo. Se puede hablar de todo tipo de conductas sexuales pero con la condición de recurrir a las posibilidades de abstracción del lenguaje cinematográfico, de manera que la imagen no adquiera jamás un valor documental”.


Desde esta perspectiva, se entiende que haya directores que se nieguen a incluir escenas de sexo en sus películas y prefieran recurrir a la elipsis. El realizador finlandés Ali Kaurismäki, lo explica con elocuencia. En sus cintas, muy oscuras en ocasiones, retrata la vida de prostitutas o amantes pero nunca muestra sexo en las pantallas. “Cuando veo una película y llega la escena de sexo me siento siempre muy violento, y también el público, creo. Son situaciones privadas y me siento un voyeur. Todas esas secuencias parecen siempre la misma; pienso que en Hollywood tienen un stock al que acuden”.


Y el español Patxi Amezcua, preguntado recientemente sobre por qué en su película 25 kilates había poco sexo y palabrotas, comentaba que “no hace falta decir “hijo de puta” para que se note que el personaje está enfadado… Y el sexo despista la mayor parte de las veces”.


Cuando fallan otros recursos

De hecho, las personas que ven mucho cine, por ejemplo, los críticos coinciden en señalar que, con excepciones, el exceso de sexo en una película puede obedecer a dos motivos: o es un reclamo publicitario para hablar de ella por escandalosa o es un modo de intentar salvar un mal guión.


La tesis de Bazin explica también como, al margen de otras cuestiones morales, muchos actores confiesan sentirse incómodos cuando ruedan estas escenas. Otros las ven necesarias para entrar en el mundo del cine –un peaje que hay que pagar– pero renuncian a ellas en cuanto tienen un cierto caché. Es el caso, por ejemplo, de Brad Pitt que, hace años manifestó que no volvería a salir desnudo. “No quiero sentirme avergonzado cuando mis hijos sean más grandes y vean mis películas”, señaló.


Y el espectador, ¿quiere el espectador medio ver sexo en la pantalla grande? A juzgar por los datos de taquilla parece más bien lo contrario. Entre las 10 películas más vistas en el 2009 solo una –Resacón en las Vegas tiene contenidos sexuales.


En definitiva, toda esta historia revela en el fondo que una de esas frases acuñadas en el mercado del cine –que el sexo vende– no es cierta y que el sexo en la pantalla tiene más inconvenientes que ventajas. Hace perder dinero a los productores y distribuidores, encasilla a los actores, incomoda al espectador, no ayuda a la creatividad de los realizadores y no convence a los críticos.


Neal Mc Dougahn, además de buen actor ha demostrado ser un tipo coherente y listo

martes, 24 de junio de 2008

Conyugalia: Mi matrimonio en crisis... ¿Qué puedo hacer?

Mi matrimonio en crisis… ¿Qué puedo hacer?

Por Fernando del Castillo del Castillo.
Publicado en:
http://tertuliadeamigos.webcindario.com/bioetica01d.html

Desde el momento que me hice católico, no tengo, naturalmente, más historia de mis ideas religiosas que relatar. Al decir esto no quiero decir que mi entendimiento ha permanecido ocioso, o que haya dejado de pensar en temas teológicos, sino que no tengo variaciones que anotar ni he tenido angustia alguna de corazón (…)

“Tampoco me ha supuesto turbación alguna la aceptación de los artículos adicionales que no se encuentran en el credo anglicano. Algunos los creía ya, pero ninguno de ellos ha sido para mí una prueba (…) Naturalmente, estoy muy lejos de negar que cada uno de los artículos del credo, tal como los admiten católicos o protestantes, no estén envueltos en dificultades intelectuales y es patente que yo no soy capaz de resolverlas. Hay personas muy sensibles a las dificultades de la religión; yo soy tan sensible a ellas como cualquiera; pero nunca he podido ver la conexión entre percibir estas dificultades, por vivas que sean y mucho que se multipliquen, y la duda, por otra parte, sobre las doctrinas a que van inherentes. A mi entender, diez mil dificultades no hacen una duda; dificultad y duda son cantidades inconmensurables. Puede, naturalmente, haber dificultades en la demostración; pero yo hablo de dificultades intrínsecas a las doctrinas mismas o a sus relaciones con otras. Uno puede estar fastidiado por no poder resolver un problema matemático, cuya solución se le ha dado o no se le ha dado, sin dudar de que tiene solución o que una solución particular es la verdadera.” (John Henry Card. NEWMAN, Apologia pro vita sua. Cap. V: Mi estado de espíritu desde 1845, in princ.)

¿Tiene sentido empezar este tema con una cita de Newman sobre la Fe, las dificultades y la duda? Sí (y de hecho será continuo punto de referencia en nuestro estudio): la exquisita finura con que el autor matiza la diferencia esencial entre las dificultades y la duda en el asentimiento de fe, le lleva a afirmar de forma lapidaria que diez mil dificultades no hacen una duda. Una afirmación ejemplar para distinguir también entre las incomodidades y contrariedades en la vida matrimonial (normales, por otra parte) y el desamor o el fracaso dentro del matrimonio.

¡Cómo nos queríamos al principio!...

La fe que uno tiene en lo que dice otra persona no se fundamenta tanto en la evidencia de lo que afirma como en la confianza que nos inspira esa persona. Por este motivo podemos tener dudas acerca de informaciones que nos llegan y que no parecen en sí descabelladas -por ejemplo, cuando otro compañero del trabajo anuncia una subida de sueldo superior a la esperada o unas vacaciones más prolongadas-; mientras que no dudamos de lo que dice alguien digno de nuestra confianza, aunque haga afirmaciones casi increíbles (como la madre que nos dice que ha visto por la calle paseando a quien considerábamos postrado en silla de ruedas para el resto de su vida).

El amor a otra persona hace que crezca la confianza en ella. Más aún: permite que quitemos importancia a los pequeños errores que comete. Y en el caso de descubrir grandes errores, ese amor -que no ingenuidad- sabe disculparlos con excusas que salvan la intención con que actuó o al menos recuerdan sus aciertos anteriores.

En el noviazgo suele darse un primer enamoramiento bastante superficial. Sólo conforme pasa el tiempo va tomando cuerpo un amor más personal: siguen vivos los afectos sensibles, pero bajo esos rasgos físicos y de carácter que nos atraen, descubrimos a otra persona con la que empezamos a plantearnos compartir el resto de nuestra vida.

Cuando un hombre y una mujer deciden casarse (sellar ante testigos cualificados un compromiso con carta de naturaleza que los vincule de por vida), cada uno conoce que puede cruzarse en su vida otra persona cuyas características le “deslumbren”. Sin embargo, sabe también que la “esencia” de su amor no son los sentimientos -aunque sean buenos y convenientes para un amor verdaderamente humano- sino la voluntaria entrega personal.

Si estas ideas se difuminan y el matrimonio permite que su relación no llegue más allá del sentimiento, corre el riesgo de derrumbarse cuando dicho sentimiento se enfría o cuando en la vida de uno de los cónyuges se cruza otra persona que despierta un nuevo enamoramiento (sentimental).

Es entonces cuando se plantean dudas donde sólo debería haber dificultades. Y se interpretan los pequeños roces normales de la convivencia como desprecios y muestras de desamor. Y se pregunta uno si no habrá sido un error casarse. E incluso -en un alarde de “falsa humildad”- llega a considerarse incapaz de adoptar un compromiso “de por vida” con otra persona, porque comprueba que sus sentimientos son volubles (y piensa que el amor humano se reduce a sentimientos).

Y nos asalta un pensamiento melancólico que va tomando cuerpo día a día: ¡Cuánto nos queríamos al principio!...

El noviazgo (necesario) tiene un sentido

Cuando un chico y una chica se enamoran y se declaran mutuamente su amor se establece entre ambos una relación de noviazgo.

Como hemos dicho antes, al comienzo de esa relación prima el sentimiento: el aspecto físico, el modo de ser, el tono de voz, la mirada… Todo lo que vemos en el otro hace que nuestro pensamiento gire en torno a esa persona que… ¡con su sola presencia nos produce hasta escalofríos y nerviosismo!

El trato hace que ese sentimiento -sin llegar a desaparecer nunca- dé paso a un amor más profundo, que descubre detrás de esa mujer o de ese hombre a una persona: nos atrae, ¡sí!, pero -como persona- tiene su propia historia (de la que es protagonista) y deseamos que se entrelace con la nuestra (de la que somos nosotros los protagonistas)... para interpretar juntos una “película” con un “actor” y una “actriz” principales (dos protagonistas: ¡nosotros dos!)

Como el noviazgo no es todavía un compromiso definitivo, se puede dar marcha atrás en la relación. Pero como sí se orienta a un compromiso definitivo, tampoco se trata de una relación trivial: en la vida de los novios se cruzarán otras personas que les parezcan atractivas y que, sin embargo, no serán obstáculos para seguir adelante con esa relación de mutuo conocimiento. Porque en el noviazgo no sólo se da una atracción (sentimiento) entre los novios, sino que se reconoce también una declaración de amor personal (acto libre).

Por esta razón hay que orientar el noviazgo hacia el conocimiento personal de quienes se encuentran enamorados. Las manifestaciones de afecto han de existir (manifestaciones propias de la entrega en el noviazgo y no manifestaciones de amor matrimonial). Pero si el noviazgo se reduce a esas manifestaciones afectivas (aunque sean apropiadas), puede ser el preámbulo de un fracaso matrimonial, por no favorecer el conocimiento entre los novios.

Nos hemos casado. Y ahora… ¿qué?

La libertad humana es tan grande que un hombre y una mujer pueden comprometerse de por vida el uno con el otro en una entrega de amor personal (con cuerpo y alma): eso es el matrimonio.

Sin embargo, no basta con esa decisión. Hay que alimentar el fuego del amor con pequeñas ramas que, día tras día, mantengan viva la hoguera. Y el primer peligro que nos encontramos es -como en cualquier relación personal prolongada- la rutina.
Esa rutina o acostumbramiento al otro lleva a abandonar los detalles pequeños que, con ilusión, tenían entre sí el hombre y la mujer cuando eran novios. La experiencia demuestra la necesidad de que ambos sigan esforzándose -cada uno- por conquistar al otro cada día dentro del matrimonio.

A ese peligro de la rutina (con manifestaciones de descuidos en el arreglo personal y de desinterés en las cosas pequeñas de la relación) se añade otro no menos importante: la falta de comunicación.

Ambos riesgos actúan como un explosivo retardado para la relación matrimonial. Fácilmente se produce, entonces, que uno de los cónyuges perciba la rutina del otro como desinterés o incluso como desprecio (y ambos van distanciándose afectivamente, casi sin darse cuenta, por su falta de comunicación…).

Cuando se caldea el ambiente…

La falta de comunicación entre los cónyuges desarrolla un ambiente frío. Y se da entonces la siguiente paradoja: el hogar es el lugar en el que cualquier persona se refugia para descansar de la tensión acumulada dentro del trabajo y en la calle; sin embargo… es tan dura la sensación de frío que en él encuentran los cónyuges cuando llegan a esa situación que -casi inconscientemente- empiezan a retrasar la vuelta del trabajo o a buscar la compañía de otros amigos antes de ir a casa (como un “placebo” para paliar la falta de afecto que les espera en su hogar).

Es una situación anormal. El matrimonio está “enfermo” (y tiene subidas y bajadas de “fiebre”). Entonces, sin solución de continuidad, se pasa de la “indiferencia” en el trato al “encendimiento explosivo” contra el otro.

El motivo de esos encendimientos puede ser insignificante: un retraso, el descuido de un pequeño encargo que nos han dado, la falta de atención a los detalles en la vida del otro (un aniversario que pasa “sin pena ni gloria” -con una celebración rutinaria-, un “no caer en la cuenta” de algún aspecto en el modo de vestir), etc.

Sabemos que un alfilerazo provoca que un balón de fútbol se desinfle, pero éste puede ser reparado antes de perder todo el aire. Sin embargo, si el alfilerazo se aplica a un globo hinchado (con paredes evidentemente más delgadas que el balón), el globo revienta.

De igual forma, el matrimonio “tenso” por la incomunicación (débil, como las paredes del globo hinchado) “explota” ante el alfilerazo de una pequeña contradicción. Se hacen presentes los recuerdos de agravios que cada uno iba anotando desde tiempo atrás en el interior de su alma (anotados en uno de esos rincones oscuros -sin airear- que se han ido formando en el alma por la falta de comunicación). Y afloran esos agravios en un “diálogo” que es monólogo porque ninguno busca escuchar al otro sino sólo “restregarle” tantas heridas que aún permanecen abiertas…

¡Alarma! ¡Arden las palabras!

Todos -por ser personas humanas- tenemos pasiones. Y éstas no son buenas ni malas. Sólo llegarán a serlo según la orientación libre que les demos. Cuando la pasión nos domina, en cualquier caso, el resultado de lo que hacemos es siempre negativo (tanto si se trata de una pasión “positiva” como la alegría -que degenera en euforia- como si es “negativa” -caso de la tristeza que lleva a la desesperanza-).

Si el rencor acumulado hasta que estalla la discusión enciende la ira, la lengua se suelta y ambos cónyuges se dicen cosas que jamás afirmarían en una situación de serenidad.

Al descubrir esto, cualquiera de ellos que lo haga debe “rehuir el envite” y evitar la confrontación. Aunque sea ausentándose físicamente por unos momentos (quizá horas), retirándose a otra habitación. Y debe hacerlo porque cualquier frase pronunciada en esas circunstancias de iracundia resultará hiriente, mordaz, irónica… y destrozará más aún la poca “vida” que le queda a un amor conyugal “enfermo” que en esos momentos se encuentra en la “UVI”.

Habitualmente, ambos reconocen que en algo han fallado (aunque piensen que la mayor parte de la culpa la tiene el otro: “que no me comprende” o “que no corresponde como debe a tanto sacrificio como hago por él/ella”). Por eso, a esas situaciones de máxima tensión suelen seguir periodos de silencio sólo interrumpidos por frases cortas (no hirientes, pero sí secas: que hacen también daño porque manifiestan una aparente frialdad a pesar de lo ocurrido). Y todo a la espera de que “el otro se dé cuenta” por fin de su error y pida perdón…

Ha pasado la “tormenta” pero no el peligro de hundimiento. El paso del tiempo no cura nada en estos casos. Lo más que puede es permitir que la “herida” cierre en falso (“herida” que sigue infectada y que -al crecer la infección- sigue produciendo molestias y dolor… ¡hasta abrirse de nuevo con cualquier roce!)

Volverá una nueva “tormenta” (quizá más fuerte y de peores consecuencias que la anterior) cuando llegue el momento oportuno. Si no se pone remedio…

Lucha en positivo: -"¡Te quiero!" (díselo…)

Hay que aprovechar el periodo de silencio (posterior a la “tormenta”) para tomar decisiones positivas. Cuando se ha apagado el acaloramiento de la discusión y el encendimiento interior (es decir, el apasionamiento contra el otro) podemos volver a hablar:

¿Cuánto tiempo hace que no has dicho a tu mujer que la quieres? ¿Cuánto llevas sin decir a tu marido que desearías “comértelo a besos”, que no existe en el mundo ningún hombre como él?...

«¡Amor mío, te quiero mucho! Perdóname todo lo que te dije en esa discusión. Soy un tonto. Estaba “encendido” y no me daba cuenta de lo que decía. Te quiero con toda mi alma. Eres la mujer de mi vida y te necesito. Pero soy como un niño chico: necesito que me perdones, que me comprendas y que me ayudes. ¡Te quiero tanto!... Querría volver a enamorarte como cuando éramos novios. Pero ya no somos novios: nos hemos entregado libremente de por vida. Por eso no puedo imaginar mi vida al margen de ti.

»Soy débil. Pero el orgullo me ha llevado a esconder esa “debilidad” y a mostrarme autosuficiente. Quiero pedirte que hablemos más. Deseo que conozcas siempre cuáles son mis sentimientos. Quiero manifestarte el amor que te tengo. Si alguna vez no lo hago… piensa que es por orgullo, que es el niño tonto y caprichoso que llevo dentro quien actúa, y no yo. Porque yo -recuerda en los momentos difíciles lo que estoy diciéndote ahora- te amo con toda la capacidad de amar a una mujer que Dios mismo ha puesto en mi corazón.»

(Puede ser éste un modelo de diálogo. Ninguna mujer enamorada permanecerá insensible ante esa declaración humilde y sincera. Tampoco ningún hombre, si la mujer manifiesta sentimientos semejantes).

El amor no vive “del aire”. Los amigos que no se ven, que no muestran con hechos -o al menos con palabras- su amistad, saben que ésta acabará desapareciendo. Por eso procuran salvar las distancias si se encuentran lejos: mediante el teléfono o escribiéndose (como aquél que, de forma -eso sí- un tanto cursi, tranquilizaba al amigo a quien no veía desde años atrás, escribiéndole: «No te preocupes: la amistad que nos une es más grande que la distancia que nos separa»). Y cuando están cerca necesitan manifestarse de alguna forma (quedando y hablando) el afecto propio de la amistad.

En el amor entre un hombre y una mujer (el enamoramiento o el eros) sucede algo parecido, pues al fin y al cabo es otro tipo de amor humano. Por eso, en el matrimonio, cada cónyuge -aunque convivan bajo el mismo techo y duerman en el mismo lecho- necesita también decir “te quiero” y escuchar “te quiero”. Y no es excusa pensar: “¡ya lo sabe!”, porque para avivar el amor no basta con saber que es así: hay que percibir, sentir, escuchar que es así. Esta es la lucha positiva que salvará el amor (y aun lo acrecentará) en momentos de crisis: las muestras frecuentes de cariño.

Y cuando resulte costoso mostrar el afecto -porque la relación atraviesa un momento difícil-, debo recordar que esa mujer (o ese hombre) no es sólo una persona que me atrae: sino alguien que libremente quiso embarcarse en la aventura de compartir toda su vida conmigo, entregándose a mí… (No sólo Dios, también otras personas que asistieron a nuestro matrimonio son testigos cualificados que pueden ayudarme a avivar ese recuerdo cuando mi mente se “oscurezca”…). Así evitaremos que las pequeñas dificultades se conviertan en un obstáculo insuperable: porque, cuando hay amor, diez mil roces no constituyen una ofensa, diez mil contrariedades no equivalen a un fracaso, diez mil pequeños descuidos no hacen un desprecio...

lunes, 9 de junio de 2008

Conyugalia: Los celos (II)

LOS CELOS (II)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, una de las causas mas problemáticas y para las que las parejas buscan soluciones en los profesionales de la terapia conyugal son los celos.

Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/celos.htm

4.- Diferencias en cuanto al rol sexual

Los análisis realizados en distintos estudios vienen a decir que las diferencias mas marcadas entre hombres y mujeres se dan en el significado que se le asigna al sexo. Por lo general en la relación de las mujeres con el sexo predomina el afecto, la cercanía, lo intimo. Los hombres por su parte relacionan el sexo con logros personales, con la aventura, el control o la pura liberación física. Ella dice "después de un día sin hablarnos como esperas que tenga ganas de hacer el amor"; el dice "hacer el amor es un modo de acercarnos".

Para las mujeres pues el sexo satisfactorio se da en el contexto de una relación cargada de afectividad, pero los hombres es mas fácil separar sexo de afectividad. Cuando la mujer habla de contacto suele referirse a la intimidad que nace de la expresión verbal, de los sentimientos y pensamientos compartidos. Para el, el contacto físico es la esencia de la intimidad.

¿Cómo responden los hombres y las mujeres a los celos?. Parece que la respuesta mas común entre la población de ambos sexos es hablar acerca de ello con el compañero/a. Entre las mujeres la segunda respuesta fue ignorar el asunto, no así entre los hombres. Por ultimo la tercera respuesta para hombres y mujeres es el decir que se sienten heridos.

Entre las mujeres las respuestas conductuales mas comunes son el llanto, el enfurruñamiento y el mostrarse heridas. En cuanto al hombre es mas probable que exprese sus sentimientos atacando, diciéndole a su compañera que lo ha herido y exigiéndole que deje de hacerlo.

Hombres y mujeres responden de forma diferente al descubrimiento de que sus compañeros están teniendo un amorío. Los hombres tienden a estallar de cólera, que en casos extremos se expresa violentamente, y a abandonar la relación. Las mujeres por su parte, tienden a responder con depresión, culpándose a si mismas, e intentando recuperar al hombre. Es posible, por ejemplo, que hagan esfuerzos por volverse mas atractivas o por despertar los celos de su compañero. Una interpretación de esto es que los hombres intentan mas proteger su autoestima, mientras que las mujeres se esfuerzan mas bien por mantener la relación.

Cuando ellos preguntan, lo hacen, sobre todo por detalles de la relación sexual y comparándose con el rival; cuando ellas preguntan, lo hacen, intentando saber el daño a la relación de pareja y los detalles íntimos que la otra persona haya podido conocer de su persona.

Las mujeres son mas proclives que los hombres a considerar la relación como central para su identidad y procuran encontrar en ella un sentido que abarque su vida entera. Los hombres tienden a identificarse mas con sus papeles profesionales, y eso podría explicar que cuando descubre un amorío, esta demasiado ocupado para arreglarlo y el mejor camino es romper la relación con lo que cree ganar tiempo y autoestima.

Otra diferencia entre hombres y mujeres es que estas ultimas parecen mas proclives a inducir los celos al compañero con lo que suelen tener un poder indirecto sobre la relación. Cuanto mas poder tiene una persona en el seno de la relación mas propenso es a responder a la situación con ataques de furia o abandonando la relación, mientras que la persona mas débil se comporta de modo mas femenino "llorando", "tratando de volverse mas atractiva" o "tratando de despertar celos en su compañero".

5.- Celos y cultura

Según el enfoque psicosocial los celos no son solo simplemente un fenómeno psicológico que ocurre en la mente de un individuo, sino un fenómeno social, producto del crecimiento de la persona en una cultura determinada, y están anclados en las decisiones básicas que se han tomado en esa cultura acerca de cuestiones tan fundamentales como la supervivencia física y el modo de buscar compañero. Estas decisiones vienen a integrarse en las costumbres, la moral y las leyes de la cultura. Le indican al individuo lo que se considera valioso y debe de ser protegido de una posible perdida, de tal modo que cada cultura define las situaciones que desencadenan la respuesta de celos.

La mayoría de los estudios vienen a decir que los celos son universales y aunque alguna cultura puede socializar a la gente para que no exprese los celos, no puede evitar que sientan celos cuando perciben que una amenaza se cierne sobre una relación valorada.

6.- Como hacer frente a los celos sentimentales.

Una de las preguntas mas frecuentes que hacen las personas con problemas de celos es saber si se pueden vencer, y la respuesta es que sí, pero con un gran esfuerzo.

De un modo general hacer frente a un problema no implica que se logre vencer los elementos dañinos, la amenaza o el desafío, sino que se hacen esfuerzos tendente para dominarlo. Algunas estrategias como hablar con el compañero o aprender cosas de usted pueden ser adaptativas aunque no solucionen el problema, pero otras respuestas generalmente violentas pueden tener efectos desastrosos.

Una estrategia eficaz siempre implica cuatro partes o etapas:

Tomar conciencia del problema

Asumir la responsabilidad de hacer algo al respecto.

Alcanzar una cierta claridad en cuanto a lo que es preciso hacer y que se puede hacer.

Desarrollar nuevas herramientas, y mejorar el alcance y la calidad de las viejas herramientas.

Tomar conciencia del problema supone empezar a reconocer "que puedo hacer como persona para modificar la situación para que mis celos no aparezcan tan fácilmente". En una crisis de celos lo primero es conocer que pensamientos anudan en la persona "miedo a la perdida", "sentimientos de humillación", etc. Una vez identificado el núcleo de los celos es necesario saber porque esta respondiendo como lo esta haciendo. ¿Es a consecuencia de una amenaza real a la relación o por su propia sensibilidad?.

6.1.- El enfoque conductista de los celos

Los conductistas parten del supuesto de que las causas de un problema de celos, y las soluciones para resolverlo, existen en el medio actual, aun en el caso de que el acontecimiento desencadenante de los celos haya ocurrido en otro tiempo y lugar.

Para los conductistas los celos son aprendidos y pueden ser desaprendidos sustituyéndolos por una respuesta mejor.

Existen varios procedimientos:

La desensibilización sistemática de todas aquellas cosas o situaciones que provocan celos .

Terapia racional-emotiva que distingue entre celos racionales y celos irracionales. Los celos racionales están basados en experiencias reales, mientras que los irracionales están basados en pensamientos irracionales del tipo "es horrible que mi marido este interesado en otra persona, no puedo soportarlo". Si en vez de decir esto se dice cosas como "esta situación no me gusta nada", "que desagradable es todo esto" o "querría que mi pareja se dedicara exclusivamente a mi"; la consecuencia afectiva será decepción, arrepentimiento o irritación pero nunca unos locos celos.

Técnica de implosión. Las personas atormentadas por los celos suelen tener una escena traumática. Los hombres suelen tener la imagen sexual como la mas desencadenadora de celos, mientras que las mujeres suelen imaginar escenas de gran intimidad. Algunos psicólogos creen posible eliminar las emociones asociadas con esta escena traumática. Para este tipo de escenas se suele utilizar una terapia de implosión.

Otra técnica es la llamada "honestidad escrupulosa" que supone una autentica terapia de implosión. Con esta técnica se pide al compañero no celoso que inunde al compañero celoso narrando en detalle todo lo que ocurrió durante el día de tal forma que le ayude a disipar la angustia y la inseguridad.

Otra técnica es la técnica de la "vaca holandesa". Es una técnica donde a la pareja no celosa se le pide que llame a intervalos regulares al otro compañero y le diga que esta haciendo a cambio de que la pareja celosa también revele su paradero y sus tareas. Aunque no esta claro si esta técnica ayuda a recuperar la confianza en la pareja, sin duda ayuda a cortar la conexión entre la ausencia temporal de la persona y los celos; y se sustituye por una conexión entre las llamadas telefónicas y el fastidio.

Otra técnica es la técnica de inversión de papeles. Consiste en pedirle al cónyuge traicionado que escriba una defensa convincente del cónyuge que tuvo el amorío y al cónyuge que tuvo el amorío que escriba una defensa de los celos del cónyuge traicionado.

Otra técnica es la técnica de la simulación. En esta técnica se le pide a la persona celosa que se comporte como si el o ella no estuvieran celosos. El supuesto subyacente es uno de los supuestos básicos del enfoque conductista – si una persona puede llegar a controlar su comportamiento celoso y actuar de una manera no celosa, puede aprender a percibirse a sí misma como una persona no celosa. El comportamiento celoso con sus demandas de atención, su insistencia en los interrogatorios, sus quejas, su recriminación de culpas, suele provocar una reacción negativa por parte del compañero.

Otra técnica es la llamada técnica de "la vuelta de la tortilla". En esta técnica se invierten los papeles y se le pide a la persona no celosa que adopte determinado tipo de conductas celosas.

jueves, 5 de junio de 2008

Conyugalia: La crísis de pareja (IV)

LA CRISIS DE PAREJA (IV)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez mas las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.

Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm

Decálogo para la convivencia conyugal

Estar siempre dispuesto a dar y recibir amor.

Tener muy en cuenta que lo importante es lo pequeño

Luchar por no ser tan hipersensible en la convivencia

Procurar evitar discusiones innecesarias

Tener capacidad de reacción tras momentos/días difíciles

Cuidar el lenguaje verbal y no verbal, sabiendo que cualquier conducta humana se apoya en la comunicación: respeto, comprensión, delicadeza

Poner el máximo empeño para que no salga la lista de agravios

Tener el don de la oportunidad

Todo comportamiento necesita de un cierto aprendizaje y la relación de pareja es un intercambio de conductas gratificantes.

Adquisición de habilidades de comunicación.

Diez conductas verbales positivas

Lenguaje habitual concreto y bien especificado: los 3 niveles de la comunicación han de ser claros: emisor-mensaje-receptor. Cuidar el volumen y tono de voz, evitando el sarcasmo cruel y la lista de desagravios.

Tener siempre una visión positiva de la vida en pareja, sin desconocer las dificultades de la vida en pareja, pero descubriendo lo bueno y gratificante que puede ser la vida en pareja.

Gratificaciones orales frecuentes: pequeños elogios, palabras amables, comentarios positivos, frases cariñosas, elogios al físico, etc.

Procurar que existan conductas asertivas

Evitar formulas negativas categóricas tajantes: nunca, jamás, intolerable, inaguantable

Sinceridad pero evitando la crudeza, hay que utilizar la mano izquierda

Aprender a no dramatizar y no convertir las dificultades en asuntos insalvables.

Unificar códigos de conducta en cuanto a la educación de los hijos

Diez conductas no verbales positivas

Cuidar el aspecto físico desde la higiene personal hasta el vestido

Cultivar expresiones faciales de afecto: miradas tranquilas, sonrisas acogedoras, miradas simpáticas.

Después de un enfado, de una situación de tensión, evitar silencios muy prolongados.

En circunstancias de crisis aprender a tener guiños de acercamiento

Acompañar el dialogo con gestos de aprobación

Frenar los hábitos cognitivos negativos

Tener el don de la oportunidad

Perdonar y saber olvidar

Conyugalia: Los celos (I)

LOS CELOS (I)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, una de las causas mas problemáticas y para las que las parejas buscan soluciones en los profesionales de la terapia conyugal son los celos.

Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/celos.htm

1.- Introducción

Los celos son una respuesta a lo que se percibe como una amenaza que se cierne sobre una relación considerada valiosa o sobre su calidad. Es una respuesta compleja que tiene componentes internos y externos.

El componente interno de los celos incluye emociones, pensamientos y síntomas físicos que a menudo no son visibles para el mundo externo.

Las emociones asociadas con los celos pueden incluir dolor, ira, rabia, tristeza, miedo, pena y humillación.

Los pensamientos asociados con los celos pueden ser de los siguientes tipos:

Resentimiento ("¿Cómo pudiste haberme mentido así?")

Auto incriminación (¿Cómo pude haber sido tan ciego, tan estúpido, tan confiado"?)

Comparación con el rival ("No soy tan atractiva, seductora, inteligente")

Preocupación por la propia imagen ante los demás ("todo el mundo se reirá de mi.

Auto conmiseración ("estoy completamente sola, nadie me ama).

Posesividad

Pensamientos de venganza.

Entre las respuestas fisiológicas se encuentran aquellas que son típicas de trastornos de ansiedad.

El componente externo es más claramente visible para el mundo externo y se expresa en distintos tipos de comportamientos: hablar abiertamente del problema, gritar, llorar, usar el humor, tomar represalias, dejar a la otra persona o recurrir a la violencia.

La respuesta celosa se desencadena cuando se percibe una amenaza a una relación. La amenaza puede ser real o imaginada, del mismo modo que la relación misma puede ser real o imaginada.

Es una respuesta compleja que tiene diferentes componentes según la percepción de cada persona:

Temor a ser abandonado

Desprestigio

Traición de la confianza depositada en otra persona

Competitividad con el adversario

Envidia.

2.- Celos y envidia

Mucha gente tiende a confundir celos con envidia pero es hora de hacer distinciones. Por lo general la envidia involucra a dos personas, la persona envidiosa quiere algo que le pertenece a otra persona y no quiere que esa otra persona lo tenga. La envidia esta conectada con el no tener.

Los celos sin embargo involucran a 3 personas y la persona afectada esta respondiendo a lo que percibe como una amenaza que un tercero representa para una relación que ella considera como valiosa. Esto ultimo es valido aun en el caso de que el tercero solo exista en la imaginación de la persona celosa. Los celos están conectados con el no tener.

Una persona puede tener celos porque su pareja puede estar teniendo un amorío con su mejor amigo/a, y al mismo tiempo sienta envidia del éxito que su amigo/a tiene con la pareja

3.- Celos normales y anormales

¿Son los celos una locura?. Parece ser que los celos merodean la zona gris que se extiende entre la salud mental y la locura. Algunas reacciones a los celos son tan naturales que una persona que no las demuestre parece en cierta forma "no normal". Una persona que cuya pareja le informe que le deja por otra pareja no puede responder "que maravilloso para ti querida".

Sin embargo otras reacciones son tan excesivas que pueden ser patológicas (espiar a la pareja, consultar su agenda, interceptar su teléfono, buscar manchas en su ropa interior) y a veces estas son tan exageradas que ni la fidelidad a ultranza de la pareja hace desaparecer la respuesta..

La Psicología clínica considera que ambos casos de respuesta son patológicas. Los celos normales tienen como base una amenaza real a la relación, pero los delirantes, persisten incluso a pesar de la ausencia de cualquier amenaza real o incluso probable.

A la distinción entre amenaza real e imaginaria se suele agregar otra distinción entre la reacción adecuada o normal y la reacción inadecuada o anormal.

Otra distinción es que los celos normales son una reacción defensiva que incluso puede salvar una relación de pareja, mientras que los anormales son una obsesión destructiva que daña a las personas y a su relación.

En resumen cabe decir que la mayoría de las personas "normales" sienten celos cuando una amenaza se cierne sobre una relación que valoran. Sin embargo la mayoría de los celos anormales no están relacionados con una amenaza real a una relación valorada sino con algún disparador interno del individuo celoso y además en este caso la reacción de celos resulta dramáticamente exagerada o violenta.

Predisposición a los celos

Los celos suelen ser el resultado de una interacción entre una cierta predisposición y un acontecimiento preciso que actúa como desencadenante. Por eso cabe decir que una cierta predisposición celosa puede no expresarse nunca si no ocurre un acontecimiento desencadenante.

En general la predisposición a los celos depende de varios factores:

La cultura en la que estamos inmersos

Nuestro contexto familiar, así por ejemplo un hombre cuya madre fue infiel puede tener cierta predisposición, o una niña que creció a la sombra de una hermana mas bonita o inteligente también puede ser mas celosa a priori.

Nuestras experiencias en las relaciones intimas y si esas relaciones han sido traicionadas en alguna ocasión.

En general hay una serie de situaciones que pueden desencadenar una respuesta de celos (una aventura de una noche, un abandono a mitad de una fiesta, una pareja antigua que reaparece, etc) pero en general parece que aquellas situaciones donde un componente de la pareja anuncia que se ha enamorado de otra persona y piensa abandonarla desencadena la mayor respuesta y la mayoría de las veces acaba en ruptura de la pareja.

En general parece que los celos con la edad van atenuándose quizás porque los individuos aprenden estrategias para hacerles frente y es posible que eviten relaciones en las que resulte probable que se puedan desencadenar. también es posible que con el paso del tiempo la mayoría de las parejas desarrollen un cierto grado de seguridad en su relación y estén entonces menos propensas a ver los incidentes desencadenantes de celos como amenazas importantes. también en la sociedad hay una creciente apertura que hace que en la institución del matrimonio haya una decadencia generalizada de los celos.

Por otro lado parece que las personas con mas hermanos varones mayores mayor es la predisposición a los celos. Otros factores predisponentes son la inseguridad personal en si mismo, bajos niveles de autoestima, adicción al amor, un pobre estado físico, etc.

jueves, 15 de mayo de 2008

Conyugalia: La crísis de pareja (II)

LA CRISIS DE PAREJA (II)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez mas las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.
Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm

Algunos consejos prácticos para mejorar la relación

Debemos de partir de determinadas premisas sobre el concepto de amor en la pareja. El amor es un intercambio complejo de conductas relacionadas entre las que se establece un continuum gratificante; para mantenerlo es necesario un aprendizaje, no se puede quedar en algo afectivo o un sentimiento (ya que eso solo son las imágenes que tienen los adolescentes cuando experimentan el amor) sino que tiene que ser un verdadero intercambio gratificante para los dos miembros de la pareja.

Actualmente la Psicología cuando la trata la prevención de la ruptura de pareja, se apoya en un modelo de objetivación, mediante el cual se exploran cuales son las conductas positivas, y cuales las negativas, con el fin de extraer un listado de peticiones reciprocas. El primer paso a tomar es la identificación del problema. Para poder evaluar el problema es necesario apoyarse en instrumentos de medida (cuestionarios) para objetivar la relación y hacer un seguimiento de la terapia. La información que se debe de pedir debe de ser claramente objetiva. Cada uno de los miembros de la pareja debe de pedir claramente que conductas quiere se incrementen en su pareja y cuales deben de reducirse o desaparecer.

A partir de este inventario de conductas se elabora un programa de conducta concretando los objetivos de cada uno, haciendo que se respeten estos puntos trazados. El objetivo de este programa terapéutico es que establezcan comportamientos de aproximación a trabes de las cuales ambos aprendan de nuevo a gratificarse.

También es importante tener un esquema biográfico de la pareja que debe de incluir los siguientes aspectos:

¿Como se conocieron?

¿Qué aspecto fue el que mas le interesó / agrado de la otra persona?

¿Cómo fueron las relaciones al principio?

¿Resumen del último año?

¿Cómo han sido las relaciones sexuales?

¿El día a día en la actualidad?

¿Periodicidad de las discusiones?.

¿Relato verbal de alguna discusión para observarla en directo?

¿Que argumentos/insultos/improperios se dicen en el curso de una discusión?

¿Como suelen acabar esos enfrentamientos?

¿Qué es lo mas difícil en la convivencia actual?

Actividades gratificantes que pueden hacer en común.

Tema de los hijos

Deseos y expectativas para que el matrimonio funciones

Borrón y cuenta nueva

Lo primero que se debe hacer para empezar a arreglar una situación difícil es necesario asumir y digerir el pasado, ya que a veces la incapacidad para superar un pasado difícil y/o traumático es la llave que abre la puerta de la ansiedad. La facultad de perdonar tiene dos etapas, una primera inmediata que supone acercarse al otro y disculparle, la otra mas tardía que supone ir olvidando. La terapia psicológica debe de ser una terapia verbal encaminada a olvidar rencores, a convencer a ambos que una persona que vive de recuerdos dolorosos no llega a sanar nunca. Es bueno en las primeras fases obligar a ambos componentes de la pareja a llevar un diario donde se le recuerden estas cosas.

Esforzarse por no sacar la lista de agravios

Este es el segundo punto de partida. La lista de agravios es ese inventario de pequeños y grandes errores, fallos y defectos y fracasos que se acumulan tras la convivencia. En las primeras fases de la terapia es bueno evitar que salgan estos "trapos sucios" continuamente que hacen que no se puedan superar experiencias antiguas.

El respeto mutuo en 3 direcciones.

El respeto se rompe por tres flancos diferentes, pero complementarios: palabra, obra y gestos. Los tres tienen una raíz común: la consideración en el trato debe de basarse en el aprecio y la dignidad de la persona.

El respeto de la palabra tiene una gran fuerza: aprender a controlarse, ser dueño de uno mismo y no perder la calma. Las palabras duras, hirientes, venenosas, cargadas de acusaciones y descalificantes van a dejar una honda huella en quien las recibe. Quien sea capaz de dominar su lenguaje será capaz de iniciar una relación mas gratificante.

En segundo lugar esta el trato de obra, son los malos tratos, la crueldad, la agresividad.

Por ultimo esta el lenguaje de los gestos:: en este epígrafe se incluyen los gestos, muecas, caras largas, aspavientos, maneras desafiantes, etc. En esta etapa hay que practicar la imitación, el modelado de conductas.

Por ejemplo se pueden realizar ciertos ejercicios de comunicación: se graban en cinta magnetofónica o en video y, mas tarde con la ayuda del terapeuta, se van analizando los errores cometidos. El terapeuta debe diseñar una guía de discusión:

1.- Cada comunicante es a la vez emisor y receptor de mensajes. La primera medida es que el intercambio de mensajes sea fluido, cuidando lo que uno dice y hace, a la para que siendo buen interprete de lo recibido.

2.- Hay que conseguir que el mensaje sea claro, conciso y reconocible por un observador objetivo.

3.- Para discutir hay que tener una premisa básica que es querer buscar una solución, ya que si no se arranca de esto, las discusiones solo sirven de desahogo y para sacar a la luz la lista de agravios.

4.- Aprender a eludir las áreas sensibles y dolorosas.

5.- Aprender a centrarse en el tema sin aludir a hechos pasados o suposiciones.

Para estar con alguien hay que estar con uno mismo

Hay personas cuya constante de desarrollo ha sido la inestabilidad afectiva, personas que han tenido varias uniones sentimentales y todas ellas acabadas en fracaso. Con este tipo de personas hay que hacer un tratamiento especial porque la pareja para ellos quizá no pueda funcionar.

La vida conyugal tiene que ser argumental

El aburrimiento es uno de los grandes enemigos de las parejas modernas. La vida humana tiene que ser argumental: ha de tener unos objetivos, unos proyectos, ilusiones y motivos para andar juntos.

lunes, 12 de mayo de 2008

Conyugalia: La crísis de pareja (I)

LA CRISIS DE PAREJA (I)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez mas las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.
Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm

En la vida cotidiana en pareja todo gira siempre a torno a pequeñeces cotidianas que emergen una y otra vez intentando romper la estabilidad lograda. Hay que decir antes de nada que en toda relación de pareja sobrevienen crisis o momentos difíciles que son completamente normales y que se inscriben dentro del proceso normal de maduración conyugal. La vida en pareja tiene una serie de etapas bastante estandarizadas que pueden llevar a situaciones de riesgo, sin embargo son crisis de crecimiento, de compenetración y maduración. De un modo general podemos distinguir los siguientes periodos:

Etapa de formación de la estabilidad de la pareja. Es aquella fase inicial posterior a la fase de enamoramiento cuando se atraviesa la barrera de estar con uno mismo a pensar que se esta con una persona con la que se puede llegar a compartir la vida.

Etapa de afirmación. Es la etapa de los primeros años de la unión estable de la pareja, bajo un mismo techo. Las personalidades están madurando pero es un proceso de adaptación costoso donde cada miembro de la pareja intentara imponer sus condiciones y en esa búsqueda del equilibrio estará el triunfo de la relación. Es una etapa donde tiene que reinar la tolerancia, el saber escuchar y llegar a compromisos. Suele ser la etapa de la llegada de los hijos que suponen una fuente de estrés importante.

Etapa de la mitad de la vida. Es una etapa de análisis minucioso del tiempo vivido, una etapa de balances. Es una etapa peligrosa para la relación de pareja si esta no tiene unas bases fuertes. En esta época la pareja puede morirse por cansancio y aburrimiento entre ambos, no hay nada que decirse, no se comparten hechos, impresiones, ilusiones futuras. Por otro lado pueden aparecer relaciones extraconyugales, los miembros de la pareja se sienten impelidos por estímulos novedosos, el tercero/a en discordia, y además suele suponer una inyección para "el ego de la persona", ya que se ve con la capacidad para atraer y seducir a alguien. Si se dan relaciones extraconyugales las consecuencias serán negativas a medio o largo plazo para la pareja.

Etapa de la vejez. En esta etapa, la pareja que se ha mantenido firme y unida se une mas estrechamente y el amor se hace mas rico, mas autentico, comprensivo y sólido. Cuando han existido rupturas, la situación se experimenta de otro modo y es habitual que asomen sentimientos de culpa, frustración o desencanto, que dan una visión negativa y triste de la vida en común.

A continuación vamos a explicar que diferentes tipos de crisis pueden afectar a las parejas a lo largo de su relación:

Desgaste de la convivencia. En todas las parejas se dan crisis por el simple hecho de vivir juntos, es un desgaste normal. Una condición básica de la pareja madura es amar al otro con sus cosas positivas y negativas, pero después de haber intentado suprimir los ingredientes negativos que mas afectan a la armonía conyugal.

Crisis de identidad. Son aquellas situaciones donde uno de los miembros de la pareja empieza a preguntarse cosas sobre su vida familiar, profesional. Al hacer balance de su vida en pareja no se siente feliz o duda sobre si es la vida que quería llevar. Podríamos hablar de comportamientos inmaduros típicos de personas que no saben lo que quiere, personas que han crecido sin un modelo de identidad, que no se conocen a si mismas, que tienen fuertes contradicciones internas y muchas veces una absoluta falta de responsabilidad.

Infidelidades. Por regla general este tipo de crisis son graves y suelen deslizarse hacia la ruptura, están teñidas de fuertes tensiones emocionales y de un acentuado deterioro de la vida en pareja. A veces se mantiene la vida de la pareja gracias a la capacidad de renuncia y sufrimiento de una de las partes, que llega a tener comportamientos verdaderamente heroicos.

Intromisión de la familia política. En este tipo de crisis lo que suele suceder es que la actuación desacertada e inoportuna de alguna parte de la familia política provoca una situación difícil y cargada de tensiones psicológicas.

Excesiva dedicación a la vida profesional. Aquí la clave va a residir en un excesivo tiempo dedicado a la vida profesional. Se da mucho mas en los hombres, sobre todo profesionales liberales que cada vez tienen menos tiempo para el y su familia puesto que su trabajo le ocupa la mayor parte del tiempo. En estas situaciones muchas veces se encuentran relaciones extraconyugales que aun complican mas la situación.

Enfermedad psíquica de uno de los miembros de la pareja. Cuando uno de los miembros de la pareja sufren trastornos psicológicos o psiquiátricos se dan crisis importantes. Aunque afortunadamente la mayoría son trastornos pasajeros (ansiedad, depresión) a veces se dan auténticos problemas de tipo psiquiátrico (paranoia, delirios, esquizofrenia) que hacen muy difícil la convivencia.

Monotonía. Es la crisis que se da cuando la vida se vuelve vacía, insípida, uniforme, aburrida, insustancial, etc. En este tipo de crisis lo que falta son recursos para evitar la rutina y su pronostico puede mejorar si ambos miembros de la pareja hacen algo por combatir el tedio.

Ascenso profesional no compartido. Por lo general estas crisis tienen lugar porque uno de los miembros de la pareja ha tenido un importante ascenso profesional en breve tiempo, dejando a su pareja en un cierto desnivel. Generalmente se da mas en hombres; las mujeres no han seguido los pasos de ellos porque han tenido otras ocupaciones y porque el hombre cada vez hace menos vida familiar.

viernes, 2 de mayo de 2008

Conyugalia: 16 consejos para evitar la crisis matrimonial

16 consejos para evitar la crisis matrimonial

Autor: Gloria Elena Franco.

Publicado en http://es.catholic.net/familiayvida

La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación

La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación.

Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O puede aparecer de forma velada cuando se continúa la relación a base de monosílabos.

En todo caso lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal (normales por otra parte en la convivencia matrimonial) sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de los cónyuges.

1.- Tiempo de oro

Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.

2.- Salidas frecuentes

Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a "sacar" a tu mujer de casa, preocúpate de "salir con ella" a algo que le agrade.

3.- Oír y escuchar

Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterará de que te escucha.

4.-Como novios

Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.

5.-Buenos recuerdos

Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.

6.- Sueños de enamorados

Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.

7.- De cara al futuro

Haz planes de futuro que te ayuden a mejorar el presente.

8.-"No hay otro como tú"

Hazte sentir al otro como necesario en la relación conyugal. Busca su compañía.

9.-La importancia de las celebraciones

Recuerda las fechas importantes. Si las celebráis juntos, ¡mejor!

10.- "¡Ayúdame!"

Pide a tu cónyuge soluciones prácticas para tus problemas: puede ayudarte mucho y además servirá para uniros.

11.-Siempre alabanzas

No le critiques ante las amistades, menos aún cuando no esté presente

12.-"Es una sorpresa"

Sorpréndela con pequeños detalles inesperados: un regalo, una cena especial, una noticia agradable, unas flores, el vestido que le gusta.

13.-"Venía pensando en ti"

Búscale a él o a ella al llegar a casa. Le encantará saber que vienes pensando en él.

14.-Un beso al despedirse

No olvides despedirte antes de salir. Un beso todos los días es una práctica muy recomendable

15.- Con la verdad por delante

Sé siempre sincero pero no lo manifiestes de forma desagradable.

16.- "Quiero estar contigo"

Prefiere a tu cónyuge antes que a las amistades, demuéstraselo a menudo.

domingo, 23 de marzo de 2008

Conyugalia: Nuevas Terapias, remedios "caseros" y consejos profesionales

Nuevas terapias, remedios ‘caseros’ y consejos profesionales

Resuelve tus conflictos conyugales

En http://mujer.terra.es/muj/articulo/html/mu212484.htm

Si os encontráis en un laberinto de conflictos del cual no sabéis salir, antes de rendiros y atajar por el camino de la separación, os mostramos una serie de terapias diferentes que os iluminarán para hallar la solución a esos problemas que no os dejan avanzar.

Según las estadísticas, los casados viven más y con mayor calidad de vida…, si no hay conflictos conyugales. Los problemas familiares potencian ciertas enfermedades mentales como la depresión o la violencia; debilitan el sistema inmunológico y cardiovascular; hasta, incluso, son causa de numerosos accidentes, tanto caseros como de tráfico. Además, afectan al comportamiento de los hijos.

Si aún existe el amor entre vosotros, y no queréis acabar con vuestra salud y la de toda vuestra familia, la solución pasa por buscar el método más adecuado para sacar a flote la relación, recuperando el esplendor de tiempos pasados.

Cuando no basta el amor

Ni sois los primeros ni los últimos que estáis atravesando una crisis. La convivencia provoca roces entre ambas partes. Pero cuando estos roces son continuos y generan falta de comunicación o posiciones distantes, es cuando se puede hablar de un problema de pareja.

Podemos estar tentados de disfrazar esta situación bajo la justificación habitual del estrés provocado por jornadas laborales interminables, el trabajo en casa o la presión del cuidado y educación de los hijos. Pero, a veces, simplemente es una cuestión no saber querer.

La capacidad de comunicarse para superar las dificultades diarias se convierte en el pilar de cualquier convivencia. Pero, ¿cómo conseguir un diálogo fluido cuando un muro de incomunicación os separa?

No existe una receta mágica para resolver los conflictos conyugales, pero sí distintos métodos que os pueden ayudar. Aquí te mostramos algunos de ellos.

Si los problemas no afectan a los pilares de la relación, podéis resolverlo dando estos pasos

Remedios 'de andar por casa'

Si después de tantos años de convivencia seguís sin entenderos; si antes las discusiones eran meros episodios pero ahora se están convirtiendo en una auténtica novela por entregas. Paraos un momento a analizar qué está pasando. Estos incidentes y diferencias, aunque últimamente sean algo habitual en vuestras vidas, no tienen por qué significar que vuestra relación esté haciendo aguas. Muchas parejas atraviesan periodos de conflicto sano que potencian la relación.

Si los problemas no afectan a los pilares de la convivencia, como el amor o el respeto, cualquier pareja tiene en su mano los suficientes recursos para poder resolverlos. Para ello hay que seguir los siguientes pasos:

1. Reconocer el problema. En general, los conflictos conyugales se desarrollan en cuatro áreas diferentes: el poder, la intimidad, la sexualidad y la comunicación. Identificar dónde se están produciendo vuestras desavenencias será la clave para poder llegar a un consenso.

2. Intención de resolver el problema. Para que esta terapia doméstica obtenga buen resultado, ambos tenéis que tener predisposición e interés por resolver lo que os está perturbando la convivencia.

3. Aprender a negociar. La principal herramienta para la resolución de conflictos es la comunicación. Si en principio ésta es poco fluida, podéis anotar en un papel lo que os molesta, argumentando vuestros razonamientos. Tomaos un tiempo para analizar el punto de vista del otro. Ahora sólo queda realizar el esfuerzo del acercamiento. Recordad que todos somos distintos y que los conflictos se producen por ideas incompatibles sobre un mismo tema. La clave está en el consenso y la negociación.

Lo que se debe evitar: menospreciar el trabajo del cónyuge, descalificar las opiniones contrarias, sacar a colación discrepancias o malas actuaciones del pasado, criticar o burlarse de los sentimientos de la pareja.

Literatura de apoyo

¿Como puedo entenderte? Claves para recuperar la comunicación en la pareja. Terrence Real, prólogo de Antonio Bolinches. Ediciones Urano
Prevención de los conflictos de pareja. Aproximación profunda y accesible a las dinámicas y conflictos de la relación en pareja. José Díaz Morfa. Editorial Desclee De Brouwer.
¿Hacemos las paces? Una forma eficaz de resolver conflictos. Laura García. Ediciones Temas de Hoy.
Con el amor no basta. Cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas de la pareja. Aaron T. Beck. Editorial Paidos

La figura del mediador

Si no podéis llegar a un acuerdo por vuestros propios medios, lo mejor es que solicitéis la ayuda de un experto. Es la última oportunidad que tenéis para poder salvar la relación.

Quizá os pueda asustar la idea de que alguien ajeno pueda inmiscuirse en vuestros problemas, pero él simplemente os orientará sobre la forma de modificar vuestra conducta negativa mediante técnicas de suplantación de percepciones y mejora en la comunicación. Para que os resulte algo menos violento, lo podéis considerar, simplemente, como árbitro imparcial entre dos partes enfrentadas.

El mediador os diseñará un proceso a medida de reeducación, indagando entre las distintas opciones, para seleccionar aquellas que os ayuden a facilitar el diálogo, evitando generar malos entendidos.

El resultado dependerá del momento en que os encontréis y la predisposición a solucionarlo. Si el conflicto es alto pero existe un deseo por ambas partes de solucionarlo, el mediador os enseñará el camino para hacerlo. Pero si la relación ha degenerado en exceso, será muy difícil que el experto consiga llegar a un consenso apto sobre el que cimentar el futuro de la pareja.

Perfil de un buen mediador

Médico especialista en Terapia Conyugal, Psicólogo, Experto en relaciones interpersonales, habilidades de comunicación, manejo del conflicto, técnicas de negociación y solución de problemas. Pero también, originalidad, actitud conciliadora, autocontrol, sentido del humor y espontaneidad. Y no estaría de más que tuviera ciertos conocimientos sobre derechos de pareja.

Los resultados en número. Alrededor del 85% de las parejas que acuden a terapia, informan de una mejora en la satisfacción matrimonial.