viernes, 23 de abril de 2010

Conyugalia: ..... Y fueron felices

...Y FUERON FELICES
Un libro de Susana Moreu


¿El amor es eterno mientras dura?


¿Somos monógamos por naturaleza o por costumbre?

¿Se pueden evitar las crisis?

¿Qué lugar ocupa nuestra vida de pareja en nuestra escala de valores?

¿A qué estamos dispuestos a renunciar por AMOR?

Este libro está dedicado a todos aquellos que piensen tomar o ya estén montados en el “barco del amor” para emprender este viaje sin retorno hacia la felicidad. Esperamos llegar a buen puerto. A pesar de las tormentas o incluso huracanes…

Aunque he escrito este libro para “todos los públicos”, no he podido evitar mi condición de mujer, por lo cual sin ser un libro para mujeres, la óptica si que es eminentemente femenina.

No son pocos los que piensan en nuestros días que el amor, enamorarse es una ilusión trasnochada, patrimonio de mentes infantiles o poco realistas. Por otra parte, es igualmente actual ver todos los márgenes de nuestras pantallas de Internet y televisión llenas de reclamos cuyo único fin es buscar pareja. No nos engañemos enamorarse y ser amado es uno de los bienes más preciados y queridos por la mayor parte de los habitantes de este planeta. Si tanto lo deseamos ¿por qué es tan difícil mantenerlo? Y si se pierde ¿por qué no nos resistimos a probar suerte otra vez?

Este libro ha pretendido analizar algo que en un principio puede parecer tan etéreo, intangible, “inmedible” como el AMOR, a la vez que principal e imprescindible ingrediente para ser feliz.

Si queremos gozar de una buena salud afectiva, no podemos adentrarnos en el trepidante mundo del AMOR sin una mínima culturilla sentimental. Conocernos a nosotros mismos, como seres únicos e irrepetibles, para luego conocer al otro. Saber que hombres y mujeres somos, pensamos, sentimos, priorizamos y amamos de forma distinta, somos iguales en dignidad y distintos en todo lo demás. El conocernos nos ayudará a amarnos mejor. No podemos amar lo que no conocemos.


En el libro se analizan algunos típicos tópicos, es decir, lo “típicamente femenino” y “típicamente masculino” con ironía e ingenio, aunque desmenuzando con humor la parte de verdad o mentira que denuncian los chistecillos, chismecillos que circulan por las redes de Internet.

A lo largo del libro se analizan temas tan importantes como la comunicación en la pareja, las crisis conyugales e incluso profundiza en terapia preventiva para poder gozar de la tan deseada salud afectiva, garantía de estabilidad personal y excelencia familiar.

Susana Moreu

Master en Orientación Familiar por la Universidad de Málaga

Directora de Comunicación de INEFA

susanamoreu@gmail.com

martes, 20 de abril de 2010

Conyugalia: Dar las gracias trae recompensas para todos

Dar las "gracias" trae recompensas para todos

Escrito por Magdalena Subercaseaux

Viernes, 16 de Abril de 2010 14:00

Un estudio halla que expresar gratitud beneficia tanto a quien las da como a quien las recibe

Para los que no se sienten satisfechos con un amigo o su pareja, dar las gracias podría mejorar su actitud hacia la relación, según halla un estudio reciente.

Resulta que mostrar gratitud no sólo es bueno para quien la recibe. Fortalece la relación porque hace que la persona que da las gracias se sienta más responsable del bienestar de su pareja.

Aunque una investigación anterior sobre la gratitud encontró que dar las gracias fortalece la relación al aumentar la satisfacción con la misma, este nuevo estudio, publicado recientemente en línea en Psychological Science, analiza el efecto de mostrar gratitud en el contexto de lo que los psicólogos llaman "sentimiento comunal", el grado de responsabilidad que una pareja o amigo siente hacia el otro.

La gratitud, cuando se expresa, mejora ese sentimiento comunal, de acuerdo con el autor principal del estudio Nathaniel Lambert, investigador asociado de la Universidad Estatal de Florida en Tallahassee. El hallazgo tiene sentido porque "cuando usted manifiesta su gratitud a alguien, se centra en las cosas buenas que ha hecho esa persona por usted", señaló "Esto hace que vea a las personas desde una perspectiva más positiva y lo ayuda a centrarse en los atributos buenos".

Lambert y su equipo de investigación probaron la idea de que mostrar gratitud ayuda a fortalecer las relaciones mediante tres estudios distintos.En un grupo de estudio, 137 estudiantes universitarios completaron una encuesta sobre la frecuencia con que mostraban su gratitud hacia un amigo o su pareja. Los resultados demostraron que la gratitud se relaciona de manera positiva con la percepción personal de este sentimiento "comunal".

"La persona que daba las gracias percibía que la relación era más comunal, consideraba que la persona era merecedora de que se hicieran sacrificios por ella, de hacer más esfuerzos para ayudarla", explicó Lambert.

Aunque los estudios sólo analizaron a las personas que demostraron gratitud, Lambert especula que "las personas que reciben las palabras de agradecimiento sienten a menudo la necesidad de hacer lo mismo. También quieren mostrar su gratitud. Esto se puede convertir en una especie de espiral ascendente".

Dar las gracias podría ser todo lo que necesita una relación que se torna difícil, dijo. "Actualmente, en las relaciones las personas se centran con frecuencia en lo que la otra no hace por ellas. Ese es uno de los aspectos más maravillosos de la gratitud. Puede cambiar potencialmente la trayectoria de un enfoque negativo de la relación a uno más positivo".

Los investigadores documentaron una "forma sencilla de fortalecer las relaciones y que a menudo se pasa por alto", explicó. "Mostrar gratitud fortalece las relaciones y une a las personas en redes de obligaciones recíprocas".

Una debilidad del estudio, señaló, es que los participantes eran estudiantes universitarios, pero eso es algo típico en muchas investigaciones. Además, participaron más mujeres que hombres, y eso pudo afectar los resultados. "Los estudios han demostrado que los hombres son más renuentes a dar las gracias", agregó.

Aún así, los que deseen desarrollar el hábito de la gratitud pueden hacerlo "dando las gracias y haciéndolo de manera regular" señaló el autor del estudio. "Incluso aunque no lo sienta así, la investigación demuestra de manera sólida que dar las gracias puede conducir a la emoción".

Fuente: HealthDay, traducido por Hispanicare

viernes, 16 de abril de 2010

Conyugalia: El matrimonio duradero es la familia sostenible

El matrimonio duradero es la familia sostenible
The Family Watch; Fecha: 11 Noviembre 2009

Los padres casados y sus hijos están, por término medio, en mejor situación que las familias que han experimentado un divorcio, las parejas de hecho y los hogares monoparentales. Tienen mejor salud, menos pobreza y tasas más bajas de alcoholismo y otras adicciones; los chicos presentan menores índices de fracaso escolar y delincuencia juvenil, así como menor frecuencia de relaciones sexuales precoces y embarazos no deseados; en sus hogares hay menos violencia doméstica. Estas son algunas de las principales conclusiones de un informe elaborado por The Family Watch, que se presentó el 5 de noviembre en Madrid.

The Family Watch es un think tank que promueve estudios sobre la familia. Su objetivo es aportar conocimientos que sirvan de base para el diseño de políticas familiares adecuadas. Es una iniciativa de la International Federation for Family Development, que reúne organizaciones dedicadas a la orientación familiar en más de 50 países y tiene estatuto consultivo en el Comité Económico y Social de la ONU.


Que la familia estable y basada en el matrimonio resulte ser, por regla general, la mejor fórmula de convivencia doméstica no excluye –advierte el informe– que presente casos disfuncionales ni que a veces se dé el éxito con otras soluciones. Pero su superior rendimiento medio justifica que reciba un apoyo preferente en las políticas públicas, como en los demás campos se favorece lo que más beneficios reporta a la comunidad, en particular a largo plazo.


En efecto, un criterio clave para las prácticas y los planes socioeconómicos es la sostenibilidad. Tomando este concepto, The Family Watch define la “familia sostenible” como la que mejor asegura el bienestar de sus miembros sin poner en peligro el de la sociedad en general y el de las futuras generaciones. La unión matrimonial estable cumple esas condiciones, según el informe.


La tesis se apoya en seis estudios que son las principales fuentes y referencias a otro centenar largo, casi todos de las dos últimas décadas. Resultan particularmente elocuentes los datos que muestran las repercusiones de la estabilidad familiar en el entorno y en el futuro. Por ejemplo, índices más bajos de alcoholismo y drogadicción entre los miembros de los hogares estables suponen una descarga para los servicios sociales. Lo mismo vale en relación con la inferior tasa de pobreza absoluta y relativa (el divorcio y la monoparentalidad son importantes causas de la “feminización de la pobreza”), y con la menor incidencia de delincuencia juvenil. También, los casados contribuyen más a la productividad en la siguiente generación porque sus hijos adquieren un nivel de formación superior por término medio.


El informe comienza con las estadísticas de bodas y de rupturas matrimoniales en España en el último decenio (1999-2008). Resulta que la nupcialidad ha bajado un 20% y la divorcialidad ha subido un 380%. Un estudio británico, utilizado por The Family Watch para elaborar su informe, estima cuánto cuestan en total a aquel país las rupturas conyugales: el equivalente de 22.000 a 26.600 millones de euros al año, o 750-900 euros por contribuyente. Los subsidios públicos necesarios para mantener a una familia monoparental oscilan entre 4.400 y 16.600 euros anuales.


Entre otras cosas para aliviar la factura social de la desintegración familiar, el informe hace tres propuestas:


1) “Diseñar las políticas familiares a partir de los datos que proporcionan la psicología, la medicina, la sociología, la economía, etc.”, para “desideologizar” el debate sobre políticas familiares en busca del consenso más ampliamente posible.

2) “Poner en marcha medidas para prevenir las crisis familiares”, como el refuerzo de los servicios de mediación.

3) “Revisar el marco legal del matrimonio civil en España”, con objeto de favorecer la estabilidad.


Se trata en definitiva, dice The Family Watch, de concentrarse en fomentar “lo que funciona”, que a la vez resulta ser, según las encuestas, el ideal de la mayoría.

jueves, 2 de octubre de 2008

Conyugalia: ¿Vale la pena casarse?

¿Vale la pena casarse?

Autor: Tomás Melendo en www.arvo.net

Bastantes jóvenes aseguran hoy que no ven razón alguna para contraer matrimonio. Se quieren, y en ello encuentran una justificación sobrada para vivir juntos. Estimo que están equivocados, pero los comprendo perfectamente.

Y es que las leyes y los usos sociales han arrebatado al matrimonio todo su sentido:

La admisión del divorcio elimina la seguridad de que se luchará por mantener el vínculo, la aceptación social de «devaneos» extramatrimoniales suprime la exigencia de fidelidad y, la difusión de contraceptivos desprovee de relevancia y valor a los hijos.

¿Qué queda, entonces, de la grandeza de la unión conyugal?, ¿qué de la arriesgada aventura que siempre ha sido?, ¿con qué objeto «pasar por la iglesia o por el juzgado»? Vistas así las cosas, a quienes sostienen la absoluta primacía del amor habría que comenzar por darles la razón... para después hacerles ver algo de capital importancia: que es imposible quererse bien, a fondo, sin estar casados.

Hacerse capaz de amar

Aunque pueda suscitar cierto estupor, lo que acabo de sostener no es nada extraño. En todos los ámbitos de la vida humana hay que aprender y capacitarse. ¿Por qué no en el del amor, que es a la par la más gratificante y difícil de nuestras actividades? Jacinto Benavente afirmaba que «el amor tiene que ir a la escuela». Y es cierto. Para poder querer de veras hay que ejercitarse, igual que, por ejemplo, hay que templar los músculos para ser un buen atleta.

Pues bien, la boda capacita para amar de una manera real y efectiva. Nuestra cultura no acaba de entender el matrimonio: lo contempla como una ceremonia, un contrato, un compromiso... Algo que, sin ser falso, resulta demasiado pobre.

En su esencia más íntima, la boda constituye una expresión exquisita de libertad y amor. El sí es un acto profundísimo, inigualable, por el que dos personas se entregan plenamente y deciden amarse de por vida. Es amor de amores: amor sublime que me permite «amar bien», como decían nuestros clásicos: fortalece mi voluntad y la habilita para querer a otro nivel; sitúa el amor recíproco en una esfera más alta. Por eso, si no me caso, si excluyo ese acto de donación total, estaré imposibilitado para querer de veras a mi cónyuge: como quien no se entrena o no aprende un idioma resulta incapaz de hablarlo.

A su joven esposa, que le había escrito: « ¿Me olvidarás a mí, que soy una provincianita, entre tus princesas y embajadoras?», Bizmara le respondió: « ¿Olvidas que te he desposado para amarte?». Estas palabras encierran una intuición profunda: el «para amarte» no indica una simple decisión de futuro, incluso inamovible; equivale, en fin de cuentas, a «para poderte amar» con un querer auténtico, supremo, definitivo.

Casarse o «convivir»

No se trata de teorías. Cuanto acabo de exponer tiene claras manifestaciones en el ámbito psicológico. El ser humano sólo es feliz cuando se empeña en algo grande, que efectivamente compense el esfuerzo. Y lo más impresionante que un varón o una mujer pueden hacer es amar. Vale la pena dedicar toda la vida a amar cada vez mejor y más intensamente. En realidad, es lo único que merece nuestra dedicación: todo lo demás, todo, debería ser tan sólo un medio para conseguirlo.

Pues bien, cuando me caso establezco las condiciones para consagrarme sin reservas a la tarea de amar. Por el contrario, si simplemente vivimos juntos, y aunque no sea consciente de ello, todo el esfuerzo tendré que dirigirlo, a «defender las posiciones» alcanzadas, a no «perder lo ganado».

Todo, entonces, se torna inseguro: la relación puede romperse en cualquier momento. No tengo certeza de que el otro se va a esforzar seriamente en quererme y superar los roces y conflictos del trato cotidiano: ¿por qué habría de hacerlo yo? No puedo bajar la guardia, mostrarme de verdad como soy... no sea que mi pareja advierta defectos «insufribles» y decida no seguir adelante.

Ante las dificultades que por fuerza han de surgir, la tentación de abandonar la empresa se presenta muy cercana, puesto que nada impide esa deserción...

En resumen, la simple convivencia sin entrega definitiva crea un clima en el que la finalidad fundamental y entusiasmante del matrimonio —hacer crecer y madurar el amor y, con él, la felicidad— se ve muy comprometida.

¿Amor o «papeles»?

Todo lo cual parece avalar la afirmación de que «lo importante» es quererse. Me parece correcto. El amor es efectivamente lo importante. No hay que tener miedo a esta idea. Pero ya he explicado que no puede haber amor cabal sin donación mutua y exclusiva, sin casarse. Los papeles, el reconocimiento social, no son de ningún modo lo importante... pero, en cuanto confirmación externa de la mutua entrega, resultan imprescindibles.

¿Por qué?

Desde el punto de vista social, porque mi matrimonio tiene repercusiones civiles claras: la familia es -¡debería ser!- la clave del ordenamiento jurídico y el fundamento de la salud de una sociedad: es indispensable, por tanto, que se sepa que otra persona y yo hemos decidido cambiar de estado y constituir una familia.

Pero, sobre todo, la dimensión pública del matrimonio -ceremonia religiosa y civil, fiesta con familiares y amigos, participaciones del acontecimiento, anuncio en los medios si es el caso, etc.- deriva de la enorme relevancia que lo que están llevando a cabo tiene para los cónyuges.

Si eso va a cambiar radicalmente mi vida para mejor, si me va a permitir algo que es una auténtica y maravillosa aventura... me gustará que quede constancia: igual que anuncio con bombo y platillo las restantes buenas noticias. Igual, no. Mucho más, porque no hay nada comparable a casarse: me pone en una situación inigualable para crecer interiormente, para ser mejor persona y alcanzar así la felicidad. ¿Cómo no pregonar, entonces, mi alegría?

¿Anticipar el futuro?

Es verdad que, a la vista de lo expuesto, bastantes se preguntan: ¿cómo puedo yo comprometerme a algo para toda la vida, si no sé lo que ésta me deparará?, ¿cómo puedo estar seguro de que elijo bien a mi pareja?

A todos ellos les diría, antes que nada, que para eso esta el noviazgo: un período imprescindible, que ofrece la oportunidad de conocerse mutuamente y empezar a entrever cómo se desarrollará la vida en común.

Después, si soy como debo ya sé bastante de lo que pasará cuando me case: sé, en concreto, que voy a poner toda la carne en el asador para querer a la otra persona y procurar que sea muy feliz. Y si ese propósito es serio, será compartido por el futuro cónyuge: el amor llama al amor. Podemos, por tanto, tener la certeza de que vamos a intentarlo por todos los medios. Y entonces es muy difícil que el matrimonio fracase.

Observar y reflexionar

Ciertamente, esa decisión radical de entrega no basta para dar un paso de tanta trascendencia. Hay que considerar también algunos rasgos del futuro cónyuge. Por ejemplo, si «me veo» viviendo durante el resto de mis días con aquella persona; también, y antes, cómo actúa en su trabajo, trata a su familia, a sus amigos; si sabe controlar sus impulsos sexuales (porque, de lo contrario, nadie me asegura que será capaz de hacerlo cuando estemos casados y se encapriche con otro u otra); si me gustaría que mis hijos se parecieran a él o a ella... porque de hecho, lo quiera o no, se van a parecer; si sabe estar más pendiente de mi bien (y del suyo) que de sus antojos...

En definitiva, atender más a lo que es; después, a lo que efectivamente hace, a cómo se comporta; y en tercer lugar, a lo que dice o promete, que sólo tendrá valor cuando concuerde con su conducta.

Relaciones anti-matrimoniales

Y aquí suele plantearse una de las cuestiones más decisivas y sobre las que impera una mayor confusión. La necesidad de conocerse, de saber si uno y otra congenian, ¿no aconseja vivir un tiempo juntos, con todo lo que esto implica?

Se trata de un asunto muy estudiado y sobre el que cada vez se va arrojando una luz más clara. Un buen resumen del status quaestionis sería el que sigue: está estadísticamente comprobado que la convivencia a que acabo de aludir nunca -¡nunca!- produce efectos beneficiosos. Por ejemplo: a) los divorcios son mucho más frecuentes entre quienes han convivido antes de contraer matrimonio; b) las actitudes de los jóvenes que empiezan a tener trato íntimo empeoran notablemente y a ojos vista... desde ese mismo momento: se tornan más posesivos, más celosos y controladores, más desconfiados e irritables...

La causa, aunque profunda, no es difícil de intuir. El cuerpo humano es, en el sentido más hondo de la palabra, personal; y quizá muy especialmente sus dimensiones sexuales. En consecuencia, la sexualidad sólo sabe hablar un idioma: el de la entrega plena y definitiva.

Mas en las circunstancias que estamos considerando esa total disponibilidad resulta contradicha por el corazón y la cabeza, que, con mayor o menor conciencia, la rechazan, al evitar un compromiso de por vida. Surge así una ruptura interior en cada uno de los novios, que se manifiesta psíquicamente por un obsesivo y angustioso afán de seguridad, cortejado de recelos, temores, suspicacias... que acaban por envenenar la vida en común.

De ahí que a este tipo de relaciones, en contra del uso habitual, prefiera llamarlas «anti-matrimoniales».

Para conocerse de veras

Por otro lado, resulta ingenua la pretensión de decidir la viabilidad de un matrimonio por la «capacidad sexual» de sus componentes: ¡como si toda una vida en común dependiera o pudiera sustentarse en unos actos que, en condiciones normales, suman unos pocos minutos a la semana!

Pero es que la mejor manera de conocer a nuestro futuro cónyuge en ese ámbito consiste, como antes sugería, en observarlo en los demás aspectos de su vida, y tal vez principalmente en los no se relacionan directamente con nosotros: reflexionar sobre el modo cómo se comporta en su familia, en el trabajo o estudio, con sus amigos o conocidos.

Si en esas circunstancias es generoso, afable, paciente, servicial, tierno, desprendido..., puede asegurarse, sin temor al engaño, que a la larga esa será su actitud en las relaciones íntimas. Mientras que la «comprobación directa», e incluso la forma de tratarnos, por responder a una situación claramente «excepcional» -el noviazgo- no sólo no proporciona datos fiables sobre su vida futura, sino que en muchos casos más bien los enmascara.

¿Probar a las personas?

Pero se puede ir más al fondo: no es serio ni honrado «probar» a las personas, como si se tratara de caballos, de coches o de ordenadores. A las personas se las respeta, se las venera, se las ama; por ellas arriesga uno la vida, «se juega -como decía Marañón- a cara o cruz, el porvenir del propio corazón».

Además, la desconfianza que implica el ponerlas a prueba no sólo crea un permanente estado de tensión difícil de soportar, sino que se opone frontalmente al amor incondicionado que está en la base de cualquier buen matrimonio.

A lo que cabe añadir otro motivo, todavía más determinante: no se puede (es materialmente imposible, aunque parezca lo contrario) hacer esa prueba, porque la boda cambia muy profundamente a los novios; no sólo desde el punto de vista psicológico, al que ya me he referido, sino en su mismo ser: los modifica hondamente, los transforma en esposos, les permite amar de veras: ¡antes no es posible hacerlo!, como ya apunté.

Pero esta es una cuestión de tanta trascendencia que quizá merezca, íntegro, un nuevo escrito.

Tomás Melendo es Catedrático de Filosofía en la Universidad de Málaga y Director del Master de Familia de la Universidad de Málaga.

martes, 30 de septiembre de 2008

Conyugalia: El atrevido modelo de Sarah Palin

El atrevido modelo de Sarah Palin

La presencia de Sarah Palin en el tramo final de las elecciones presidenciales americanas podría alegrar a todos los que consideran que la mujer debe aspirar a los puestos más altos. Su trayectoria encaja en el tipo de triunfadora que compatibiliza familia y trabajo profesional exitoso, de esas que se ponen como modelo en las revistas de “Mujer hoy”. Sin embargo, a algunos y algunas se les ha atragantado antes de que tome la salida en la carrera. Y no es porque sea republicana, que eso hasta se le podría perdonar. ¡Pero es que esta señora es realmente provocativa!


Estamos acostumbrados a que una política de altos vuelos se conforme con tener uno o dos hijos. O, si el reloj biológico apremia y no ha logrado el voto incondicional de un marido, que tenga gemelos en solitario por inseminación artificial. Hasta es un signo de modernidad.


No vamos a pedir tanto, tratándose de las elecciones americanas. ¡Pero de ahí a tener cinco hijos! El Sierra Club tendría que decirle algo sobre las agotadas ubres de la Madre Tierra. Y además los tiene con el mismo marido, ni siquiera una descendencia mezclada al estilo Sarkozy que tanto se lleva.


Por si fuera poco, ha aceptado a sus 44 años tener un hijo con síndrome de Down, esa especie cuya extinción no le preocupa ni a Greenpeace y cuya veda está permanentemente abierta en las clínicas abortistas. Y es que Sarah Palin es “pro life”, tanto en la vida política como cuando juega en casa. Está lejos de ese tipo de político del “estoy personalmente en contra del aborto, pero...” Así que Palin desmiente el tópico de que rechazar el aborto es ir contra los derechos de las mujeres.


Puesta a romper estereotipos, no responde tampoco al de madre de familia ocupada solo en casa. Desde los 28 años está en la vida política, y el tener cuatro hijos en 2006 no le impidió llegar a gobernadora de Alaska a los 42 años: fue la primera mujer y la persona más joven en ocupar el cargo. En fin, que es una señora que va a por todas. Y en estos tiempos en que se pone como modelo a la mujer que no se arredra ante metas altas, puede caer bien.


¿Podrá con todo?


Curiosamente, las primeras críticas le han llegado no tanto por su competencia política como por asuntos familiares. Con cinco hijos (entre 19 años y 4 meses), ¿podrá con todo? De repente, gente que considera imprescindible que la mujer no deje el trabajo por el hogar, insinúa o dice claramente que la gobernadora está poniendo su carrera por delante de su familia. Un niño con síndrome de Down exige mucha atención, dicen (desde luego, si lo hubiera abortado estaría mucho más libre). Pero, a juzgar por la trayectoria política y familiar de Palin, da la impresión de que hasta el momento ha sabido compatibilizar bastante bien la atención al votante y a su familia. Quizá sea una de esas madres activas y organizadas, capaces de llevar adelante una familia de cinco hijos, algo que solo de pensarlo abruma a las que se sienten ya agobiadas con uno.


Palin parece tener algunos de los mejores rasgos de una mujer moderna: fuerte, independiente, trabajadora y absolutamente femenina. Por eso es llamativo que algunas hayan dicho que pone en riesgo la imagen de la mujer trabajadora de hoy. “Hay preocupación entre las madres trabajadores de ambos partidos porque lo que haga ella en la campaña presidencial puede reflejar la capacidad del conjunto de las madres que trabajan”, asegura Cindi Leive, editora de Glamour y madre de dos hijos. Por lo visto no le parece glamuroso el modelo Palin. Por la misma razón podría decir que si Obama no lo hace bien puede desacreditar a todos los afroamericanos.


Hasta el hecho de que su hija de 17 años esté embarazada y vaya a tener el hijo se ha utilizado en clave política, como si fuera contradictorio con su postura pro familia. Pero si su hija Bristol contribuye a aumentar la estadística de embarazos de adolescentes, por lo menos no va a incrementar el de abortos adolescentes, y sus padres han dicho que sabrán acoger también a este nieto inesperado que su hija desea tener.


Para colmo de iconoclastia, Sarah Palin es una mujer de principios religiosos, una mezcla de evangélica y pentecostal. Es este uno de los sectores más dinámicos y de mayor crecimiento en el panorama religioso americano, quizá porque es de los que menos se acomodan a la “religiosidad light”.


La suma de estos factores tampoco la acredita necesariamente como una Margaret Thatcher. Es lógico que sus adversarios la critiquen por su corta carrera política, su inexperiencia de las cuestiones internacionales, su visión de la guerra de Irak... Los dos meses de campaña podrán clarificar más su peso político. Pero habría que dejar al margen los asuntos de su familia.


Por lo menos, su designación como candidata habrá servido para hacer ver que en la pasarela pública no se lleva solo el tipo de mujer políticamente correcta, y que hay sitio para modelos más atrevidos.

martes, 5 de agosto de 2008

Conyugalia: Vacaciones familiares en compañía del gran cine

Vacaciones familiares en compañía del gran cine

Roma. El cine en las vacaciones veraniegas es a veces el último recurso para tener entretenidos a los niños en un día lluvioso. Algo muy distinto es plantearse una semana de vacaciones familiares en compañía de un cine enriquecedor y de profesionales que hablan de sus creaciones. Esto es lo que ha tenido lugar en la ciudad italiana de Fiuggi (Lazio) del 28 de Julio al 3 de Agosto con la primera edición del Fiuggi Family Festival, un evento diseñado como unas vacaciones inteligentes y altamente estimulantes.

Firmado por Reynaldo Gustavo Rivera en www.aceprensa.com
Fecha: 4 Agosto 2008

Consciente de que muchos éxitos cinematográficos de los últimos años son las películas destinadas al público familiar, el Foro de Asociaciones Familiares y otras organizaciones colaboradoras (entre ellas InterMedia Consulting) crearon un encuentro internacional que ha ofrecido a las familias la posibilidad de conocer excelentes producciones no distribuidas hasta el momento en Italia.

Los organizadores se propusieron mostrar que el entretenimiento para familias es verdaderamente de “Primera Clase”. También hicieron énfasis en que las familias esperan productos multiplataforma (después del verano lanzarán un “FamilyTube”, sitio a través del cual distribuirán contenidos que favorecen los valores familiares). Asimismo destacaron que los jóvenes creadores quieren ser protagonistas, pero para ello necesitan mayor libertad. No es inusual que las grandes distribuidoras rechacen proyectos con valores. Así lo manifestó el famoso director de cine italiano, Pupi Avati.

Ideado como un foro que permitió relacionar profesionales y familias, el Fiuggi Family Festival asoció actividades de entretenimiento familiar con conferencias y proyección películas.

El Programa tuvo cuatro actividades básicas:

  • En primer lugar, la proyección de estrenos internacionales destinados al público familiar. El momento de mayor impacto fue la presentación de Las Crónicas de Narnia: El príncipe Caspian.
  • En segundo lugar, el Festival incluyó un concurso internacional con películas que son novedades en Italia. Entre ellas, Mil años de oración (de Wayne Wang, China), Mía Sarah (de Gustavo Ron, España), Greater – Vincere l’Aids (documental italiano, vencedor de un premio especial en Cannes, sobre la lucha contra el sida en Uganda,), Bella (de Alejandro Gómez Monteverde, EE.UU.), Forever the Moment (Corea). De esta manera, distribuidores de cine pudieron ver buenas películas que aún no han sido comercializadas en el país.
  • La tercera actividad fue la proyección de películas divertidas, aptas para toda la familia, fundamentalmente de Pixar (Buscando a Nemo, Los Increíbles, etc.).
  • Finalmente, las jornadas fueron enriquecidas con conferencias y debates con conocidos intelectuales que afrontaron temas relacionados con la familia, el arte y la comunicación. Entre los ponentes estaban Higinio Straffi, creador del éxito internacional Winx, y Ettore Bernabei, Presidente de la Lux Vide (Don Mateo, San Pedro, Teresa de Calcuta, Guerra y paz, etc.).

Para los más pequeños hubo animaciones, juegos y un “parque temático” ambientado en las Crónicas de Narnia.

La ciudad de Fiuggi ofreció su completo apoyo a través de “paquetes familiares” particularmente convenientes para las habitaciones de hotel. La misma organización del Festival fue family-friendly: el abono para acceder a todas las proyecciones y actividades fue de 45 euros para toda la familia, cualquiera que fuese el número de miembros.

En síntesis, el Fiuggi Family Festival posibilitó un diálogo abierto y cordial entre las familias y el mundo del cine, que, en palabras de uno de los organizadores, “con el tiempo han perdido un lenguaje común”.

lunes, 4 de agosto de 2008

Conyugalia: Gabriela Domingo, delegada de la Asociación Abogados de Familia: «Soy de las últimas románticas que creo en el amor eterno»

Gabriela Domingo, delegada de la Asociación Abogados de Familia: «Soy de las últimas románticas que creo en el amor eterno»

Tiene 44 años, lleva 17 casada y presume de tres hijos / Odia las aglomeraciones / Asegura que la clave de una relación está en el equilibrio / Se evade cosiendo/ Se niega a ser abogada del diablo / No perdona la siesta

01.08.2008 - UNA ENTREVISTA DE ALMUDENA NOGUÉS

LA GRANIZADA. Diario SUR (Málaga)

ENTRE PAPELES. Gabriela Domingo se confiesa una apasionada de su trabajo, en el que lleva 21 años. / YOLANDA MONTIEL

Tiene todo el despacho lleno de Post- it de colores. Intuyo que es una persona muy metódica.

(Risas). Es que en esta profesión no hay más remedio que ser ordenado, si no imagínese. Para mí la agenda es un elemento inseparable, forma parte de mí. Tengo que controlar muchas cosas: citas, señalamientos judiciales, vencimientos... Yo cuando voy al médico me mira la agenda. Entonces me dice: 'vamos mal'.

¿Eso es malo para la salud!

Sí, sí. El me mira la agenda y me dice: 'Gabriela, así no puedes seguir'.


¿Y nunca ha sentido necesidad de echar el freno de mano?

¿Sabe lo que pasa? Que este trabajo engancha mucho. A mi me apasiona lo que hago, entonces me entrego mucho. Es lo que ocurre con la mayoría de profesiones libres. O das el 100% o mejor que te dediques a otra cosa.

¿Con qué casos se siente más en su salsa?

¿Uy!, no. Diga más bien con qué casos sufro menos. Hay temas bonitos, porque ves que estás luchando por cosas buenas. Pero después hay asuntos muy duros con los que lo paso muy mal, como los de menores.

¿Y uno no aprende a hacerse un caparazón?

Pues mire, yo llevo 21 años en esto y aún no me lo he hecho. Hay temas más fríos, más económicos. Pero en esta profesión es difícil no llevarte el trabajo a cuestas. Sobre todo en cuestiones de familias, con una fuerte carga emocional que te marca mucho. Mire, tanto es así que hace poco estaba pensando en un cliente y le dije a mi marido '¿a dónde vas Bartolo?' (Risas) Y claro él me espetó '¿quién es Bartolo?' Eso sí, aprendes mucho de la naturaleza humana al conocer a la persona en los momentos más duros de su vida.

¿Qué ha pasado con las familias? Los hogares se han convertido en campos de batalla.

Yo creo que la gente no se da cuenta de que la familia es el mejor patrimonio que uno tiene. Es de las cosas que más merecen la pena en esta vida. No hay que tirar la toalla a la primera de cambio.

Ese es el problema, que ya poca gente está dispuesta a aguantar. ¿Se acabó eso de en lo bueno y en lo malo?

Es eso, que se tira muy rápido la toalla, y eso es una equivocación. Hay mucha falta de compromiso, de madurez al enfrentarse a las relaciones, hay mucho egoísmo. Estamos en una sociedad de usar y tirar, del aquí te pillo aquí te mato. No se trata de aguantar, sino de asumir que hay días malos, que las cosas no son perfectas. A veces nos hacemos la falsa idea de que ante un problema o una dificultad una relación nueva puede solucionarlo todo. Y no es así.

Lo de una mancha de mora con otra se quita...

Sí. Pero la vida está llena de obstáculos y se trata de sobrellevarse, de luchar por algo con entusiasmo. Pese a todo, sí que hay mucha parejas que duran, matrimonios que afrontan las dificultades y tirar para adelante.

¿Y usted es de las románticas que creen en el amor para toda la vida?

¿Yo sí! Soy de las últimas románticas. Además, lo estoy viviendo y lucho por ello. Llevo 17 años casada, tengo tres hijos y por suerte somos una familia unida.

¿Por qué hay tantas casa dominadas por la violencia?

Porque vivimos en una sociedad con mucha violencia, y esa violencia llega a todos los rincones: a los colegios, a los trabajos, a las familias... La agresividad se nota en el trato, entre los hijos, con los padres, con nuestros mayores... Son temas muy duros que se ven en los despachos de cada uno de los cien compañeros que integramos la asociación de abogados de familia en Málaga. Por ello, para dedicarse a esto hay que tener una sensibilidad especial.


Por cierto, y cambiando a un tema más amable, ¿algún caso anecdótico que le haya marcado?

Aquí vemos cosas muy curiosas. Yo me río de los culebrones. Se quedan en mantilla. Aquí llegan historias tan rocambolescas que rozan el surrealismo. Hay personas que se casan por el miedo a confesar que están con otra y a los meses se separan. Parejas que nada más volver de la luna de miel dejan las maletas y se vienen a pedir el divorcio. De esos tenemos muchísimos. Hay mucha falsa expectativa de que la boda lo arregla todo.

Vaya, que están curados de espanto.

Totalmente. Después me acuerdo de un hombre que le dijo a la mujer que ella se podía quedar con todo, siempre que le dejara la videoconsola.

¿No sin mi videoconsola!

Sí, sí. De eso hay mucho. Peleas por una figura, por unas cortinas. Hay veces que no se ha firmado el convenio por unas cortinas y se ha ido a la parte contenciosa. La gente al final discute por tonterías.

¿Increíble!

Y matrimonios que rompen y luego vienen a firmar el divorcio al despacho con sus nuevas parejas, los cuatro juntos. Recuerdo el caso de dos hombres, pareja, que vinieron porque uno se quería divorciar de la hermana de su novio, con la que llevaba un montón de años casado porque ella se quedó embarazada y no quería ser madre soltera. ¿Ah sí, sí! Y una buenísima. Una chica de 35 años que se casó con uno de 22 y a los cuatro meses llegó aquí embarazada con su madre diciendo que se quería separar porque el chico ponía la música muy alta, los vecinos protestaban y ella estaba agobiada. Y va y nos dice que le había dejado encerrado en casa y que se había venido para el despacho. Pues resulta que ni ella ni nadie de su familia se atrevían a ir a abrirle. Decían que fuéramos o yo o mi compañero.

¿Madre mía! ¿Vaya papelón!

Pero lo mejor es que llega ya el día de firmar el convenio y se presenta el muchacho con sus padres que ni siquiera sabían que su hijo estaba casado. Le tuvimos que enseñar el acta de matrimonio para que se lo creyeran.

¿Alguna vez le ha tocado ejercer de abogada del diablo?

No, porque cuando yo no estoy convencida de lo que defiendo no lo puedo llevar. En una ocasión me tocó un caso de un acusado de violación y tras oir las declaraciones de la novia llegué al convencimiento personal de que lo había hecho, por lo que le pasé el asunto a un compañero. Si no me creo lo que defiendo no transmito seguridad.

Y usted, ¿tiene muchas leyes?

Más que leyes una adquiere una serie de frases hechas, una forma de defenderse...

O sea, que su marido no puede con usted...

Pues no se crea. Él no se deja fácilmente. De todos modos, nuestra relación es muy buena. La clave está en encontrar el equilibrio. Si uno pesa más que el otro, la balanza acaba volcándose. No obstante, a veces sí me dice que tengo deformación profesional porque soy demasiado vehemente en mi defensa.

Y ahora en verano, cuando desconecta, ¿con qué disfruta?

Con mis niños, mi madre, mis hermanos, mis amigos, con las cosas de mi casa...

¿Así que es mujer de su casa?

Sí, aunque no tengo mucho tiempo. Me encanta esa faceta. Disfruto cosiendo, eso me evade mucho.