domingo, 23 de mayo de 2010
Conyugalia: Ante separaciones precoces: Cómo no perder el Norte
miércoles, 19 de mayo de 2010
Conyugalia: La felicidad en el matrimonio I
Escrito por Magdalena Subercaseaux
Jueves, 15 de Abril de 2010 13:24
Entrevista realizada a Tomás Melendo por José Pedro González Alcón y María Mercedes Álvarez Pérez para el programa de radio "Con las zapatillas puestas". El Prof. Melendo Granados es Catedrático de Filosofía (Metafísica), Director Académico de los Estudios Universitarios sobre
¿Hay parejas que se quieren, pero que dudan si casarse o iniciar una convivencia juntos. ¿Hay alguna diferencia?
T. Melendo: Pienso que la diferencia es abismal. Aunque entiendo que a veces no sea fácil captarla porque, culturalmente, el matrimonio se encuentra hoy vaciado de contenido. Lo han conseguidos las leyes y los usos sociales. No me refiero solo a que en muchos países se encuentre fiscalmente desprotegido o a las consecuencias económicas del divorcio, sin duda más gravosas que las de la separación tras una simple convivencia. Aludo, sobre todo, a que la posibilidad legal de divorciarse elimina la seguridad de que se luchará por mantener el vínculo; la aceptación social y jurídica de «aventuras» extramatrimoniales, que incluso se llegan a considerar como algo «simpático», suprimen la exigencia de fidelidad; y la difusión de contraceptivos quita importancia a los hijos.
Entonces, ¿qué queda de la grandeza y belleza del matrimonio?, ¿para qué casarse? Muchos sostienen, a la vista de todo ello, que lo importante es que nos queramos? y es verdad. Pero precisamente aquí es donde hay que profundizar. Porque para poderse querer bien, a fondo, con auténticas perspectivas de éxito, hay que estar casados.
Esto puede asombrar, pero no es tan extraño. En todos los ámbitos de la vida humana hay que aprender y capacitarse. ¿Por qué no en el del amor? Jacinto Benavente afirmaba que «el amor tiene que ir a la escuela». Y es cierto. Para poder amar hay que aprender y ejercitarse, hacer actos notables de amor: igual que, por ejemplo, hay que templar los músculos para ser un buen atleta.
Pues bien, la boda habilita para amar de una manera real, efectiva, muy superior, insuperable. El matrimonio no se acaba de entender bien: se lo contempla como una ceremonia, un contrato, un compromiso? Y no es que todo ello sea falso, pero sí un tanto pobre. La boda es, en su esencia, un acto libérrimo de amor. El sí es un acto profundísimo, inigualable, único, por el que me entrego plenamente a otra persona y nos decidimos a amarnos de por vida. Es amor de amores: amor sublime que permite amar. Ese acto tan impresionante me pone en condiciones de amar bien: fortalece mi voluntad y la faculta para amar a otro nivel, me sitúa en otra esfera. Si no me caso, sin ese acto radical de amor, estoy incapacitado ?aunque yo no lo advierta? para amar de veras a mi cónyuge, como quien no se entrena o no aprende un idioma, por más que lo desee, no puede sobresalir en un deporte o hablar esa lengua con fluidez.
No puedo detenerme más, pero vale la pena pensar sobre todo ello.
¿Existen implicaciones psicológicas que aconsejen el matrimonio sobre la simple convivencia?
T Melendo: También, y muy claras. El ser humano sólo es feliz cuando lleva a cabo algo grande, algo que merezca ser realizado. Y lo más impresionante que un hombre o una mujer pueden hacer es amar. Vale la pena dedicar toda la vida a amar y a amar cada vez mejor y más intensamente. En realidad, es lo único que vale la pena: todo lo demás, todo, debería ser tan sólo un medio para amar mejor.
Cuando me caso, establezco las condiciones adecuadas para dedicarme a la tarea de amar. Si simplemente vivimos juntos, todo el esfuerzo tendré que dirigirlo, aunque no sea consciente de ello, a «defender las posiciones» alcanzadas, a no «perder lo ganado».
El problema más grave, y el que origina los demás problemas, es entonces la inseguridad: la relación puede romperse en cualquier momento; no tengo certeza de que el otro se va a empeñar seriamente en quererme y superar las dificultades: ¿por qué habría de hacerlo yo?; no puedo bajar la guardia, mostrarme de verdad como soy? no sea que mi pareja advierta defectos que no le gustan y considere que es preferible no seguir adelante; ante los obstáculos y contrariedades que necesariamente surgirán, la tentación de abandonar el empeño está muy cerca, puesto que nada lo impide?
En resumen, la simple convivencia sin entrega definitiva crea un clima en el que la finalidad fundamental y entusiasmante del matrimonio, hacer crecer y madurar el amor y, con él, la felicidad, resulta muy comprometida.
"El amor es lo importante, no los papeles". ¿Qué hay de verdad en esta aseveración?
Mucho, muchísimo, incluso me atrevería a decir que todo. El amor es efectivamente lo importante. No hay que tener miedo a esta idea. Pero ya he explicado que no puede haber amor cabal sin mutua entrega, sin casarse. Los papeles, el reconocimiento social, no son de ningún modo lo importante, pero resultan imprescindibles. ¿Por qué?
Desde el punto de vista social, porque mi matrimonio tiene repercusiones civiles claras: la familia es ¡debería ser! la clave del ordenamiento jurídico y el fundamento de la salud y el correcto desarrollo de una sociedad: resulta imprescindible, por tanto, que se sepa que otra persona y yo hemos decidido cambiar de estado y constituir una familia. No somos versos sueltos, seres aislados; mónades cerradas, sin puertas ni ventanas, que diríamos los filósofos.
Pero, sobre todo, la dimensión pública del matrimonio. Ceremonia religiosa y civil, fiesta con familiares y amigos, participaciones del acontecimiento, anuncio en los medios si es el caso, etc. derivan de la enorme relevancia que lo que están llevando a cabo tiene para los cónyuges: si eso va a cambiar radicalmente mi vida para mejor, si me va a permitir algo que es una auténtica y extraordinaria aventura, me gustará que quede constancia: igual que anuncio con bombo y platillo las restantes buenas noticias.
Igual, no. Mucho más, porque no hay nada comparable a casarse: me pone en una situación inmejorable para crecer personalmente, para ser mejor persona y alcanzar así la felicidad, al tiempo y en la medida en que se la procuro a mi cónyuge.
domingo, 2 de mayo de 2010
Conyugalia: Sexo: lo que no exige el guión de cine
reportaje de ana sanchez de
lunes 19 de abril de 2010
Hace unos días saltaba a los medios una noticia curiosa. La cadena americana ABC había echado a un actor por negarse a rodar escenas de sexo. El actor es Neal McDonough, 44 años, bastante conocido por sus apariciones en películas como Minority Report o Banderas de nuestros padres, y por series de TV como Hermanos de sangre o Mujeres desesperadas. Acababa de empezar el rodaje de Scoundrels, una nueva serie de
La noticia ha dado pie a un sinfín de comentarios y explicaciones. Los medios han publicado que la razón de la negativa es que McDonough es católico, con firmes creencias religiosas y tienen mujer y tres niños pequeños. Por eso se niega a interpretar este tipo de escenas.
En los medios digitales –los más dados a este tipo de debates– miles de internautas han apoyado masivamente la decisión del actor. A juzgar por los comentarios a esta noticia, abrumadoramente positivos, se deduce que la coherencia sigue siendo un valor en alza. Son mayoría las personas que alaban la decisión de McDonough y elogian que una persona sea capaz de perder un millón de dólares (que es lo que ha dejado de cobrar) por actuar en conciencia y por respeto a su mujer y a su familia.
Los que critican la decisión del actor –además de la cadena, claro– lo hacen señalando que no ha tenido los mismos inconveniente al interpretar papeles violentos.
Sexo y violencia, muy diferentes
Además del lógico sentido común –presente en muchos de los comentarios de estas webs, como el de la mujer que señalaba que, si su marido fuera actor, prefería mil veces verle disparando que en la cama con otra mujer–, en este punto, viene bien releer al crítico francés André Bazin, mentor de Truffaut y Rohmer, inspirador de
Bazin afirma que la gran diferencia es que las escenas de violencia se representan mientras que las sexuales, en cierto modo, se viven. “Si se muestra en la pantalla un hombre y una mujer con un vestido y postura tales que sea inverosímil que al menos un comienzo de consumación sexual no haya acompañado a la acción, yo tendría derecho a exigir en un film policiaco que se mate verdaderamente a la víctima o al menos que se la hiera más o menos gravemente. Y esta hipótesis no tiene nada de absurdo, porque no hace mucho que el asesinato ha dejado de ser espectáculo, para los romanos, los mortales juegos de circo eran el equivalente a una orgía”.
Bazin señala como –a diferencia de otras artes representativas, como la pintura– “en el cine a la mujer incluso desnuda se la puede desear expresamente y acariciarla realmente y, sin embargo, si queremos permanecer en el nivel del arte debemos mantenernos en lo imaginario. Debemos poder considerar lo que pasa en la pantalla como un relato que no llega jamás al plano de la realidad, o en caso contrario, me hago cómplice diferido de un acto, o al menos una emoción, cuya realización exige intimidad. Lo que significa que el cine puede decir todo pero no puede mostrarlo todo. Se puede hablar de todo tipo de conductas sexuales pero con la condición de recurrir a las posibilidades de abstracción del lenguaje cinematográfico, de manera que la imagen no adquiera jamás un valor documental”.
Desde esta perspectiva, se entiende que haya directores que se nieguen a incluir escenas de sexo en sus películas y prefieran recurrir a la elipsis. El realizador finlandés Ali Kaurismäki, lo explica con elocuencia. En sus cintas, muy oscuras en ocasiones, retrata la vida de prostitutas o amantes pero nunca muestra sexo en las pantallas. “Cuando veo una película y llega la escena de sexo me siento siempre muy violento, y también el público, creo. Son situaciones privadas y me siento un voyeur. Todas esas secuencias parecen siempre la misma; pienso que en Hollywood tienen un stock al que acuden”.
Y el español Patxi Amezcua, preguntado recientemente sobre por qué en su película 25 kilates había poco sexo y palabrotas, comentaba que “no hace falta decir “hijo de puta” para que se note que el personaje está enfadado… Y el sexo despista la mayor parte de las veces”.
Cuando fallan otros recursos
De hecho, las personas que ven mucho cine, por ejemplo, los críticos coinciden en señalar que, con excepciones, el exceso de sexo en una película puede obedecer a dos motivos: o es un reclamo publicitario para hablar de ella por escandalosa o es un modo de intentar salvar un mal guión.
La tesis de Bazin explica también como, al margen de otras cuestiones morales, muchos actores confiesan sentirse incómodos cuando ruedan estas escenas. Otros las ven necesarias para entrar en el mundo del cine –un peaje que hay que pagar– pero renuncian a ellas en cuanto tienen un cierto caché. Es el caso, por ejemplo, de Brad Pitt que, hace años manifestó que no volvería a salir desnudo. “No quiero sentirme avergonzado cuando mis hijos sean más grandes y vean mis películas”, señaló.
Y el espectador, ¿quiere el espectador medio ver sexo en la pantalla grande? A juzgar por los datos de taquilla parece más bien lo contrario. Entre las 10 películas más vistas en el 2009 solo una –Resacón en las Vegas– tiene contenidos sexuales.
En definitiva, toda esta historia revela en el fondo que una de esas frases acuñadas en el mercado del cine –que el sexo vende– no es cierta y que el sexo en la pantalla tiene más inconvenientes que ventajas. Hace perder dinero a los productores y distribuidores, encasilla a los actores, incomoda al espectador, no ayuda a la creatividad de los realizadores y no convence a los críticos.
Neal Mc Dougahn, además de buen actor ha demostrado ser un tipo coherente y listo
viernes, 30 de abril de 2010
Conyugalia: ..... Y fueron felices (II)
Susana Moreu, Eiunsa, Madrid, 2009
Entrevista publicada en Ideal de Granada, con ocasión de la presentación del libro en esta ciudad. Granada 18/12/2009.
No se considera feminista, «si eso implica cre
er que somos mejores que los hombres», ni machista, si eso implica lo contrario. Susana Moreu (Granada, 1973) cree firmemente en la dignidad de la persona, ya sea hombre o mujer. También en «nuestra capacidad de amar como motor de la vida». La directora de Comunicación del Instituto de Estudios de
-No son pocos los que piensan que el amor es una ilusión trasnochada para mentes poco realistas...
-Sí, sí... y todos los días vemos reclamos cuyo único fin es buscar pareja. No nos engañemos, enamorarse y ser amado es uno de los bienes más preciados y queridos por la mayor parte de los habitantes de este planeta. Si tanto lo deseamos, ¿por qué es tan difícil mantenerlo? Y si se pierde, ¿por qué no nos resistimos a probar otra vez suerte? '...Y fueron felices' ha pretendido analizar algo que en un principio puede parecer tan etéreo, intangible, 'inmedible', como es el amor, pero, al mismo tiempo, es ingrediente imprescindible para ser feliz.
-¿Qué es el amor para usted?
-Hay muchísimas definiciones... sería imposible hacer un compendio de todas. Me quedo con una afirmación de Kierkeggard: «Engañarse respecto al amor es la pérdida más espantosa, es una pérdida eterna, para la que no existe compensación ni en esta vida, ni en la otra: ni en el tiempo ni en la eternidad». O lo que es lo mismo, el no conocer, en su sentido más amplio, lo que es el amor no tiene perdón.
-¿Qué temas se abordan en el libro?
-Principalmente, el de la relación de pareja. La finalidad del libro es dar pautas para conseguir una excelencia familiar. Se analizan algunos típicos tópicos, es decir, lo «típicamente femenino» y «típicamente masculino», con ironía e ingenio, aunque desmenuzando con humor la parte de verdad o mentira que denuncian los chistecillos o chismecillos que circulan por las redes de Internet. Asimismo, a lo largo de las más de sus 200 páginas, se analizan temas como la comunicación en la pareja, las crisis conyugales e, incluso, se profundiza en terapia preventiva para poder gozar de la tan deseada salud afectiva, garantía de estabilidad personal y excelencia familiar.
-¿Cuáles son los principales conflictos que surgen en una pareja?
-El principal conflicto viene porque no nos conocemos. Y si no nos conocemos, no nos aceptamos tal y como somos. Hay muchas cosas que se saben, que se conocen..., pero no se aceptan. Se trata de una inmadurez sentimental que puede llevarnos a situaciones muy dramáticas. Hoy en día, vemos muchas parejas truncadas que no se conocían de verdad, por lo menos de una forma realista, porque entonces se habrían dado cuenta de su incompatibilidad y de que no eran lo que buscaban. Si queremos amar de verdad, resulta fundamental conocer al otro, ser consciente de su propio valor, de su propia belleza.
-¿Qué papel juega la comunicación en una relación de pareja?
-Comunicar es entrar en el mundo del otro y que éste entre en mi mundo. A mayor capacidad de comunicación, mayor felicidad. Para establecer una buena comunicación, lo primero que necesitamos es tiempo. Si vamos siempre corriendo, puede que sólo nos dirijamos la palabra para llegar a acuerdos sobre temas de organización de la casa o de los hijos. Si no estamos disponibles el uno para el otro, terminaremos por contar nuestras confidencias al compañero de trabajo o a la amiga de turno. Es muy importante dedicarse tiempo sin interferencias, sencillamente para charlar.
-Usted afirma en su libro que el aburrimiento es la grieta por donde se escapa la ilusión gota a gota. ¿Uno de los principales enemigos del amor es la rutina?
-Sí, pero no hay que esperar a que llegue la rutina. Inventar cosas para compartir juntos, planear actividades con un mes de antelación... El solo hecho de organizar es ilusionante.... Solos, con hijos, con amigos... Tenemos que tener ganas de estar juntos.
-¿Qué lugar ocupan los hijos en una relación de pareja?
-Unen lo que está unido, desunen lo que está desunido. Son una oportunidad perfecta para que la pareja se refuerce. Son el premio al amor que una pareja se tiene. Es el mejor negocio que puedes compartir. El tener hijos, educarlos... es apasionante, aunque también es motivo de conflicto. Somos lo que son nuestras familias. Para bien o para mal, la educación de nuestros padres nos marca.
viernes, 23 de abril de 2010
Conyugalia: ..... Y fueron felices
¿El amor es eterno mientras dura?

¿Somos monógamos por naturaleza o por costumbre?
¿Se pueden evitar las crisis?
¿Qué lugar ocupa nuestra vida de pareja en nuestra escala de valores?
¿A qué estamos dispuestos a renunciar por AMOR?
Este libro está dedicado a todos aquellos que piensen tomar o ya estén montados en el “barco del amor” para emprender este viaje sin retorno hacia la felicidad. Esperamos llegar a buen puerto. A pesar de las tormentas o incluso huracanes…
Aunque he escrito este libro para “todos los públicos”, no he podido evitar mi condición de mujer, por lo cual sin ser un libro para mujeres, la óptica si que es eminentemente femenina.
No son pocos los que piensan en nuestros días que el amor, enamorarse es una ilusión trasnochada, patrimonio de mentes infantiles o poco realistas. Por otra parte, es igualmente actual ver todos los márgenes de nuestras pantallas de Internet y televisión llenas de reclamos cuyo único fin es buscar pareja. No nos engañemos enamorarse y ser amado es uno de los bienes más preciados y queridos por la mayor parte de los habitantes de este planeta. Si tanto lo deseamos ¿por qué es tan difícil mantenerlo? Y si se pierde ¿por qué no nos resistimos a probar suerte otra vez?
Este libro ha pretendido analizar algo que en un principio puede parecer tan etéreo, intangible, “inmedible” como el AMOR, a la vez que principal e imprescindible ingrediente para ser feliz.
Si queremos gozar de una buena salud afectiva, no podemos adentrarnos en el trepidante mundo del AMOR sin una mínima culturilla sentimental. Conocernos a nosotros mismos, como seres únicos e irrepetibles, para luego conocer al otro. Saber que hombres y mujeres somos, pensamos, sentimos, priorizamos y amamos de forma distinta, somos iguales en dignidad y distintos en todo lo demás. El conocernos nos ayudará a amarnos mejor. No podemos amar lo que no conocemos.
En el libro se analizan algunos típicos tópicos, es decir, lo “típicamente femenino” y “típicamente masculino” con ironía e ingenio, aunque desmenuzando con humor la parte de verdad o mentira que denuncian los chistecillos, chismecillos que circulan por las redes de Internet.
A lo largo del libro se analizan temas tan importantes como la comunicación en la pareja, las crisis conyugales e incluso profundiza en terapia preventiva para poder gozar de la tan deseada salud afectiva, garantía de estabilidad personal y excelencia familiar.
Susana Moreu
Master en Orientación Familiar por la Universidad de Málaga
Directora de Comunicación de INEFA
susanamoreu@gmail.com
martes, 20 de abril de 2010
Conyugalia: Dar las gracias trae recompensas para todos
Dar las "gracias" trae recompensas para todos
Escrito por Magdalena Subercaseaux
Viernes, 16 de Abril de 2010 14:00
Un estudio halla que expresar gratitud beneficia tanto a quien las da como a quien las recibe
Para los que no se sienten satisfechos con un amigo o su pareja, dar las gracias podría mejorar su actitud hacia la relación, según halla un estudio reciente.
Resulta que mostrar gratitud no sólo es bueno para quien la recibe. Fortalece la relación porque hace que la persona que da las gracias se sienta más responsable del bienestar de su pareja.
Aunque una investigación anterior sobre la gratitud encontró que dar las gracias fortalece la relación al aumentar la satisfacción con la misma, este nuevo estudio, publicado recientemente en línea en Psychological Science, analiza el efecto de mostrar gratitud en el contexto de lo que los psicólogos llaman "sentimiento comunal", el grado de responsabilidad que una pareja o amigo siente hacia el otro.
La gratitud, cuando se expresa, mejora ese sentimiento comunal, de acuerdo con el autor principal del estudio Nathaniel Lambert, investigador asociado de
Lambert y su equipo de investigación probaron la idea de que mostrar gratitud ayuda a fortalecer las relaciones mediante tres estudios distintos.En un grupo de estudio, 137 estudiantes universitarios completaron una encuesta sobre la frecuencia con que mostraban su gratitud hacia un amigo o su pareja. Los resultados demostraron que la gratitud se relaciona de manera positiva con la percepción personal de este sentimiento "comunal".
"La persona que daba las gracias percibía que la relación era más comunal, consideraba que la persona era merecedora de que se hicieran sacrificios por ella, de hacer más esfuerzos para ayudarla", explicó Lambert.
Aunque los estudios sólo analizaron a las personas que demostraron gratitud, Lambert especula que "las personas que reciben las palabras de agradecimiento sienten a menudo la necesidad de hacer lo mismo. También quieren mostrar su gratitud. Esto se puede convertir en una especie de espiral ascendente".
Dar las gracias podría ser todo lo que necesita una relación que se torna difícil, dijo. "Actualmente, en las relaciones las personas se centran con frecuencia en lo que la otra no hace por ellas. Ese es uno de los aspectos más maravillosos de la gratitud. Puede cambiar potencialmente la trayectoria de un enfoque negativo de la relación a uno más positivo".
Los investigadores documentaron una "forma sencilla de fortalecer las relaciones y que a menudo se pasa por alto", explicó. "Mostrar gratitud fortalece las relaciones y une a las personas en redes de obligaciones recíprocas".
Una debilidad del estudio, señaló, es que los participantes eran estudiantes universitarios, pero eso es algo típico en muchas investigaciones. Además, participaron más mujeres que hombres, y eso pudo afectar los resultados. "Los estudios han demostrado que los hombres son más renuentes a dar las gracias", agregó.
Aún así, los que deseen desarrollar el hábito de la gratitud pueden hacerlo "dando las gracias y haciéndolo de manera regular" señaló el autor del estudio. "Incluso aunque no lo sienta así, la investigación demuestra de manera sólida que dar las gracias puede conducir a la emoción".
Fuente: HealthDay, traducido por Hispanicare
viernes, 16 de abril de 2010
Conyugalia: El matrimonio duradero es la familia sostenible
The Family Watch es un think tank que promueve estudios sobre la familia. Su objetivo es aportar conocimientos que sirvan de base para el diseño de políticas familiares adecuadas. Es una iniciativa de la International Federation for Family Development, que reúne organizaciones dedicadas a la orientación familiar en más de 50 países y tiene estatuto consultivo en el Comité Económico y Social de la ONU.
Que la familia estable y basada en el matrimonio resulte ser, por regla general, la mejor fórmula de convivencia doméstica no excluye –advierte el informe– que presente casos disfuncionales ni que a veces se dé el éxito con otras soluciones. Pero su superior rendimiento medio justifica que reciba un apoyo preferente en las políticas públicas, como en los demás campos se favorece lo que más beneficios reporta a la comunidad, en particular a largo plazo.
En efecto, un criterio clave para las prácticas y los planes socioeconómicos es la sostenibilidad. Tomando este concepto, The Family Watch define la “familia sostenible” como la que mejor asegura el bienestar de sus miembros sin poner en peligro el de la sociedad en general y el de las futuras generaciones. La unión matrimonial estable cumple esas condiciones, según el informe.
La tesis se apoya en seis estudios que son las principales fuentes y referencias a otro centenar largo, casi todos de las dos últimas décadas. Resultan particularmente elocuentes los datos que muestran las repercusiones de la estabilidad familiar en el entorno y en el futuro. Por ejemplo, índices más bajos de alcoholismo y drogadicción entre los miembros de los hogares estables suponen una descarga para los servicios sociales. Lo mismo vale en relación con la inferior tasa de pobreza absoluta y relativa (el divorcio y la monoparentalidad son importantes causas de la “feminización de la pobreza”), y con la menor incidencia de delincuencia juvenil. También, los casados contribuyen más a la productividad en la siguiente generación porque sus hijos adquieren un nivel de formación superior por término medio.
El informe comienza con las estadísticas de bodas y de rupturas matrimoniales en España en el último decenio (1999-2008). Resulta que la nupcialidad ha bajado un 20% y la divorcialidad ha subido un 380%. Un estudio británico, utilizado por The Family Watch para elaborar su informe, estima cuánto cuestan en total a aquel país las rupturas conyugales: el equivalente de 22.000 a 26.600 millones de euros al año, o 750-900 euros por contribuyente. Los subsidios públicos necesarios para mantener a una familia monoparental oscilan entre 4.400 y 16.600 euros anuales.
Entre otras cosas para aliviar la factura social de la desintegración familiar, el informe hace tres propuestas:
1) “Diseñar las políticas familiares a partir de los datos que proporcionan la psicología, la medicina, la sociología, la economía, etc.”, para “desideologizar” el debate sobre políticas familiares en busca del consenso más ampliamente posible.
2) “Poner en marcha medidas para prevenir las crisis familiares”, como el refuerzo de los servicios de mediación.
3) “Revisar el marco legal del matrimonio civil en España”, con objeto de favorecer la estabilidad.
Se trata en definitiva, dice The Family Watch, de concentrarse en fomentar “lo que funciona”, que a la vez resulta ser, según las encuestas, el ideal de la mayoría.

