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domingo, 13 de junio de 2010

Conyugalia: La cohabitación antes del matrimonio aumenta el riesgo de ruptura

La cohabitación antes del matrimonio aumenta el riesgo de ruptura 

A menudo se dice que la cohabitación permite a los futuros marido y mujer conocerse mejor y evitar así las uniones desafortunadas. Sin embargo, el Centro Nacional de Estadísticas Sanitarias de Estados Unidos revela una realidad distinta: las parejas que cohabitan antes del matrimonio son más frágiles.  
Firmado por Aceprensa
Fecha: 9 Marzo 2010

“Mientras la cohabitación sigue siendo un camino hacia el matrimonio entre las clases altas, las mujeres de bajo nivel de renta tienden a verla como un punto de llegada”

Las parejas que viven juntas antes de casarse tienen, de media, una probabilidad 6 veces mayor de romperse antes de que lleguen a los 10 años de convivencia. En cambio, las expectativas de duración de la pareja mejoran si empezaron a convivir cuando ya estaban casados.

El estudio refleja también el aumento espectacular de la cohabitación en Estados Unidos. A partir de una muestra de 12.571 mujeres y hombres de 15 a 44 años, los autores señalan que el porcentaje de mujeres que rozan la cuarentena y han cohabitado se ha duplicado en 15 años hasta llegar al 61%.

Otro dato interesante es que la mitad de las parejas que empiezan cohabitando se casan a los tres años. Si los dos miembros de la pareja tienen estudios superiores, es probable que se casen antes y que su matrimonio dure por lo menos 10 años.

Para Nelly A. Musick, profesora de análisis social en la Universidad de Cornell, los resultados del estudio sugieren que hay una brecha abierta entre ricos y pobres respecto a la concepción del matrimonio. “Mientras la cohabitación sigue siendo un camino hacia el matrimonio entre las clases altas, parece que las mujeres de bajo nivel de renta tienden a ver la cohabitación cada vez más como un punto de llegada”, explica Musick.

Las actitudes sociales hacia la cohabitación también difieren en función del sexo. Entre los encuestados, el 62% de las mujeres de 25 a 44 años estaban casadas y sólo el 8% cohabitaban. En cambio, el porcentaje de hombres casados desciende hasta el 59% y el de la cohabitación sube al 10%.

Un último hallazgo significativo del estudio es que las mujeres que a la edad de 14 años no vivían con sus padres biológicos o adoptivos son menos proclives a casarse que aquellas que crecieron con su padre y su madre.

Menor compromiso

La publicación de estas estadísticas confirman las conclusiones de otros estudios que en su día fueron bastante polémicos. Investigaciones realizadas hace más de una década revelaban no solo que las parejas de hecho se rompen más que los matrimonios, sino que también aquellos que se casan después de haber cohabitado son más proclives a divorciarse que quienes fueron directamente al altar.

En un estudio publicado en 1999, dos conocidos sociólogos estadounidenses, David Popenoe y Barbara Dafoe Whitehead, del National Marriage Project de la Universidad Rutgers, afirmaban que “una atenta revisión de los datos que proporcionan las ciencias sociales sugiere que vivir juntos no es una buena manera de prepararse al matrimonio ni de evitar el divorcio”.

Según los autores, las personas que han vivido antes con otras parejas muestran un compromiso menos firme. “Toleran menos la insatisfacción y dejarán romperse un matrimonio que podría haberse salvado”, dicen Popenoe y Whitehead (“Should We Live Together? What Young Adults Need to Know about Cohabitation before Marriage”: cfr. Aceprensa, 22-09-1999).

domingo, 23 de mayo de 2010

Conyugalia: Ante separaciones precoces: Cómo no perder el Norte

Ante separaciones precoces: Cómo no perder el Norte

Escrito por Luz Edwards
Martes, 10 de Noviembre de 2009

Ser felices en el matrimonio no es un derecho ni algo que ocurre por arte de magia. Aquí algunas ideas que hay que tener en claro para que se vuelva realidad el “Y fueron felices para siempre”.

“El matrimonio es un encuentro de dos almas, un abrazo de dos historias, de dos presentes” No puede haber algo más lindo y grande que eso”, dice Mercedes Larraín, consejera matrimonial de la fundación Familia Unida. Sin embargo, hoy no se habla de ese lado del matrimonio, sino de lo negativo: la pérdida de libertad, la carga económica que son los hijos, lo difícil de conciliar el trabajo con la familia, etc. “Los recién casados deben estar conscientes de estos mensajes y hacerles frente. Deben luchar por descubrir lo luminoso del matrimonio, la riqueza infinita que significa unirse a otro para compartir la vida”, dice Mercedes.

Esta búsqueda de lo bello del matrimonio no puede acabarse una vez casados. Hombre y mujer deben ser conscientes de que el matrimonio no es la meta final del pololeo, sino un paso más en el proceso de crecimiento en conjunto, conocimiento y aceptación del otro.

Cortar el cordón umbilical

El matrimonio en cada época ha tenido “enemigos”. Hoy en día, también, y conocerlos es el primer paso para vencer. Uno, es la inmadurez con que se presentan muchos esposos al altar. Son personas que llegaron a la edad adulta sin haber conquistado el principal desafío de la adolescencia, que es independizarse afectiva y económicamente de los padres. Entonces, llegado el fin de semana, él o ella quiere estar todo el día en la casa de los papás o no puede tomar decisiones con las cuales sus padres no estén de acuerdo.

Al respecto, la consejera de Familia Unida da algunos consejos: recordar que en el matrimonio sólo bastan dos miradas, la del marido y de la mujer; hablar con esos padres y decirles de manera cariñosa, pero directa, que les permitan ser una pareja independiente; y no ser cómodos: muchas veces este seguir pegados a los papás se debe a un miedo a estar solos como matrimonio.
Que lo mío no atente contra lo nuestro

Otro “enemigo” es la visión equivocada de conceptos como la vida propia y el desarrollarse como persona. Es importante que cada uno tenga un proyecto personal, actividades independientes del otro que lo motiven. Pero esto jamás puede ir en contra del proyecto común o de la felicidad del otro cónyuge.

Entonces, el trabajo, los deportes, las juntas con los amigos...: hay que conversar cuánto y en qué momentos, llegar a acuerdos para que la vida propia de cada uno enriquezca el matrimonio y no lo ponga en riesgo. Estas conversaciones deben ser muy sinceras y confiando en que el otro va a saber entender.

En Familia Unida les tocan muchos casos donde la mujer o el marido se comportan de una manera determinada no por mala voluntad, sino porque nunca nadie les había dicho que las cosas podían ser de otro modo o que con esa actitud podían hacer sufrir a la persona que aman.

Con apertura deben también ir moldeando un proyecto común, que ojalá haya comenzado a delinearse en la época del noviazgo. ¿Qué se espera del matrimonio? ¿Qué tipo de padres se quiere llegar a ser? ¿Qué ambiente se buscará que exista dentro del hogar? ¿Qué espera cada uno del otro? Son respuestas que hay que conversar y que irán tejiendo un mundo de los dos. Esto es algo que debe hacerse de manera consciente, pues si no se corre el riesgo de seguir siendo dos solteros, pero bajo un mismo techo, que se encuentran como amantes, pero no como compañeros de vida. Marido y mujer deben verse a sí mismos como un equipo en el que los dos son titulares. Ninguno es suplente.

¡Paciencia!

Un tercer aspecto propio de los tiempos actuales que hay que saber controlar es el racionalismo y el culto a la instantaneidad. “Hoy vemos todo como causa y efecto. De esa manera tratamos de explicar lo que pasa y de controlar lo que viene. Pero en el matrimonio no todo es lineal y, pretender que lo sea, es negarse a lo natural, a lo espontáneo”, dice Mercedes Larraín.

El primer gran ejemplo de esto es que no por casarse se va a ser obligatoriamente feliz. Al llegar al altar no se conquista un pretendido derecho a la felicidad, sino el compromiso de hacer feliz al otro. Y si se logra ser feliz, lo más probable es que sea a través de un matrimonio muy distinto al planeado en la mente de cada uno de los esposos. Entonces, en vez de preocuparse de qué hacer para que todo salga bien, cada matrimonio debe enfocarse a encontrar su propia forma de amarse y de estar en este mundo. No hay felicidad posible si se piensa en el bien propio. El egoísmo y el amor son incompatibles. La vivencia de ese proceso es el que día a día les dará felicidad y la calma para esperar los resultados.

Saber que se puede

“Tienes que estar seguro de que tu matrimonio puede ser una aventura apasionante. Tienes que estar seguro de que tú y él, tú y ella, ¡así como sois!, podéis vivirla “ ¿Qué va a poder contigo el ambiente si te decides a dar tu propio estilo allí donde te encuentras”, dice el orientador Antonio Vázquez al comienzo de su libro “Matrimonio para un tiempo nuevo”.

Mercedes Larraín piensa en la misma línea: para ella, quien quiera tener un matrimonio feliz, lo tendrá. Y asegura que, a pesar del culto a lo desechable que ronda en la sociedad, el ser humano sigue siendo el mismo y, como siempre, tiende a la belleza, la bondad y la verdad. Más aún: el verdadero amor quiere ser eterno. “El mundo está lleno de cosas feas y uno se acostumbra a eso. Pero cuando vemos una flor, nos emocionamos y sabemos distinguir su belleza. Lo mismo pasa con el matrimonio. Encontrar a un compañero de vida y estar con él para siempre es una ilusión que el hombre lleva impresa en su corazón”, asegura Mercedes.

Primer requisito

El camino del matrimonio comienza por conocerse a uno mismo y reconocer las propias falencias. El egoísmo, el mal carácter o la inmadurez no son determinantes de un matrimonio infeliz, pero sí aspectos que es necesario mejorar. Para ello es necesaria mucha humildad y, en algunos casos, la ayuda de un tercero.

Foccus:

Los temas que hay que conversar ANTES DE

¿Cómo hacer feliz a alguien que no se conoce? La respuesta es obvia: IMPOSIBLE. Para ayudar a los matrimonios en esta tarea hace unos años se creó en Estados Unidos el cuestionario FOCCUS, Facilitating Open Couple Communication, Understanding and Study. Son 156 preguntas que cada novio responde por separado. Los resultados se analizan con la ayuda de una persona capacitada que los ayudará a distinguir posibles conflictos y soluciones.

FOCCUS en ningún caso es un predictor del éxito o fracaso del matrimonio. Sólo propicia una instancia donde se conversen temas que debieran haberse tratado de forma natural. Por ejemplo: Metas de la vida matrimonial. Intereses y amistades. Cómo resolver problemas. Religión y valores. Administración de finanzas.

FOCCUS es utilizado en muchos países del mundo por quienes preparan a matrimonios católicos y también de otras religiones. En Chile, ha sido implementado por la fundación Familia Unida. Más información en www.familiaunida.cl

Manos a la obra

Sabiendo que se puede tener un matrimonio feliz, algunos consejos:

* ¿Mi cónyuge es feliz? Hacerse esta pregunta permite recordar que el foco está en el otro y ayuda a reconocer a tiempo los aspectos en que puede mejorar la relación.

* No angustiarse ni paralizarse cuando hay problemas, sino buscar las herramientas que todo matrimonio posee para resolverlos.

* Es clave “hacerse querible", es decir, facilitar al otro para que te pueda querer más y mejor.

* Vivir el matrimonio de forma asertiva y no a la defensiva. Las mujeres, sobre todo, tienden a desconfiar o a dar segundas lecturas melodramáticas. Es necesario ser sincero sin atacar al otro y sin miedo.

* A mayor confianza en el matrimonio, mayor debe ser el respeto y la valoración de la entrega del otro. Para eso hay que renovar cada día la elección del otro como la persona más importante del mundo.

* No sentirse culpable por no gustar de TODAS las características del otro.

* Usar la inteligencia no sólo en el trabajo, sino también en la casa. Con ella se distingue lo malo de lo bueno, la manera correcta de actuar.

* Cada uno debe intentar sacar lo mejor del otro, pero respetando su esencia y su derecho a ser él mismo.

viernes, 30 de abril de 2010

Conyugalia: ..... Y fueron felices (II)

“… Y fueron felices”

Susana Moreu, Eiunsa, Madrid, 2009


Entrevista publicada en Ideal de Granada, con ocasión de la presentación del libro en esta ciudad. Granada 18/12/2009.


No se considera feminista, «si eso implica creer que somos mejores que los hombres», ni machista, si eso implica lo contrario. Susana Moreu (Granada, 1973) cree firmemente en la dignidad de la persona, ya sea hombre o mujer. También en «nuestra capacidad de amar como motor de la vida». La directora de Comunicación del Instituto de Estudios de la Familia (INEFA) compagina su trabajo de arquitecto técnico con su labor de orientadora familiar. Autora de numerosos artículos en revistas especializadas, hoy -a las 19.30 horas- presenta, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Granada, su primer libro, '...Y fueron felices' (Ediciones Internacionales Universitarias).

-No son pocos los que piensan que el amor es una ilusión trasnochada para mentes poco realistas...

-Sí, sí... y todos los días vemos reclamos cuyo único fin es buscar pareja. No nos engañemos, enamorarse y ser amado es uno de los bienes más preciados y queridos por la mayor parte de los habitantes de este planeta. Si tanto lo deseamos, ¿por qué es tan difícil mantenerlo? Y si se pierde, ¿por qué no nos resistimos a probar otra vez suerte? '...Y fueron felices' ha pretendido analizar algo que en un principio puede parecer tan etéreo, intangible, 'inmedible', como es el amor, pero, al mismo tiempo, es ingrediente imprescindible para ser feliz.


-¿Qué es el amor para usted?

-Hay muchísimas definiciones... sería imposible hacer un compendio de todas. Me quedo con una afirmación de Kierkeggard: «Engañarse respecto al amor es la pérdida más espantosa, es una pérdida eterna, para la que no existe compensación ni en esta vida, ni en la otra: ni en el tiempo ni en la eternidad». O lo que es lo mismo, el no conocer, en su sentido más amplio, lo que es el amor no tiene perdón.


-¿Qué temas se abordan en el libro?

-Principalmente, el de la relación de pareja. La finalidad del libro es dar pautas para conseguir una excelencia familiar. Se analizan algunos típicos tópicos, es decir, lo «típicamente femenino» y «típicamente masculino», con ironía e ingenio, aunque desmenuzando con humor la parte de verdad o mentira que denuncian los chistecillos o chismecillos que circulan por las redes de Internet. Asimismo, a lo largo de las más de sus 200 páginas, se analizan temas como la comunicación en la pareja, las crisis conyugales e, incluso, se profundiza en terapia preventiva para poder gozar de la tan deseada salud afectiva, garantía de estabilidad personal y excelencia familiar.


-¿Cuáles son los principales conflictos que surgen en una pareja?

-El principal conflicto viene porque no nos conocemos. Y si no nos conocemos, no nos aceptamos tal y como somos. Hay muchas cosas que se saben, que se conocen..., pero no se aceptan. Se trata de una inmadurez sentimental que puede llevarnos a situaciones muy dramáticas. Hoy en día, vemos muchas parejas truncadas que no se conocían de verdad, por lo menos de una forma realista, porque entonces se habrían dado cuenta de su incompatibilidad y de que no eran lo que buscaban. Si queremos amar de verdad, resulta fundamental conocer al otro, ser consciente de su propio valor, de su propia belleza.


-¿Qué papel juega la comunicación en una relación de pareja?

-Comunicar es entrar en el mundo del otro y que éste entre en mi mundo. A mayor capacidad de comunicación, mayor felicidad. Para establecer una buena comunicación, lo primero que necesitamos es tiempo. Si vamos siempre corriendo, puede que sólo nos dirijamos la palabra para llegar a acuerdos sobre temas de organización de la casa o de los hijos. Si no estamos disponibles el uno para el otro, terminaremos por contar nuestras confidencias al compañero de trabajo o a la amiga de turno. Es muy importante dedicarse tiempo sin interferencias, sencillamente para charlar.


-Usted afirma en su libro que el aburrimiento es la grieta por donde se escapa la ilusión gota a gota. ¿Uno de los principales enemigos del amor es la rutina?

-Sí, pero no hay que esperar a que llegue la rutina. Inventar cosas para compartir juntos, planear actividades con un mes de antelación... El solo hecho de organizar es ilusionante.... Solos, con hijos, con amigos... Tenemos que tener ganas de estar juntos.


-¿Qué lugar ocupan los hijos en una relación de pareja?

-Unen lo que está unido, desunen lo que está desunido. Son una oportunidad perfecta para que la pareja se refuerce. Son el premio al amor que una pareja se tiene. Es el mejor negocio que puedes compartir. El tener hijos, educarlos... es apasionante, aunque también es motivo de conflicto. Somos lo que son nuestras familias. Para bien o para mal, la educación de nuestros padres nos marca.

martes, 24 de junio de 2008

Conyugalia: Más allá del sí, te quiero

Más allá del sí, te quiero

Autor Aníbal Cuevas
Una lograda apología del matrimonio, sencilla, clara y, sobre todo, práctica.

Eds. Internac. Universit. 2007. ISBN: 9788484692126. 11 Euros ISBN: 9788484692126
Revisión publicada en http://www.criteriaclub.com/

Aníbal Cuevas está casado y es padre de cuatro hijos. De profesión sobrecargo de líneas aéreas, desde hace diecisiete años dedica una buena parte de su tiempo a la Orientación Familiar. Está diplomado en Orientación Familiar y ha realizado un programa de liderazgo en el IESE. Ha impartido cursos de Orientación Familiar y dictado conferencias, además de colaborar en diversos medios y escribir diariamente sobre matrimonio, familia y educación en su blog http://anibalcuevas.blogs.com/

En un país donde en índice de divorcios ha aumentado un 75 por ciento durante el pasado año, libros como Más allá del sí, te quiero se tornan imprescindibles. Buena prueba de ello es que el libro fue publicado hace apenas un mes y ya está a la venta la 2ª edición.
Para Cuevas, casado y padre de familia numerosa, el matrimonio no es un simple contrato entre un hombre y una mujer, sino una alianza que ambos establecen de manera libre y voluntaria y que les lleva a darse el uno al otro de manera incondicional. El autor reconoce que esta idea es difícil de entender para el hombre actual, acostumbrado a las relaciones basadas en los contratos y el intercambio de servicios.

Más allá del sí, te quiero se trata de un libro que anima a mirar al futuro, a elevar el listón de la autoexigencia personal y, como afirma la contraportada, a levantarse cada mañana dispuesto a vivir enamorado, alimentar el fuego del amor a lo largo del día con pequeños detalles, fomentar los deseos de volver a casa o luchar por vivir en concreto virtudes como la generosidad, la sinceridad o la fortaleza. Éstas son algunas de las propuestas, siempre regadas del más sensato sentido común, que el autor señala como medios para vivir un matrimonio feliz.

Al finalizar el libro, y a modo de epílogo, Cuevas confiesa que si la lectura del libro ha ayudado a alguna persona a mejorar su matrimonio y ser más feliz, él habrá cumplido su objetivo.

Conyugalia: Mi matrimonio en crisis... ¿Qué puedo hacer?

Mi matrimonio en crisis… ¿Qué puedo hacer?

Por Fernando del Castillo del Castillo.
Publicado en:
http://tertuliadeamigos.webcindario.com/bioetica01d.html

Desde el momento que me hice católico, no tengo, naturalmente, más historia de mis ideas religiosas que relatar. Al decir esto no quiero decir que mi entendimiento ha permanecido ocioso, o que haya dejado de pensar en temas teológicos, sino que no tengo variaciones que anotar ni he tenido angustia alguna de corazón (…)

“Tampoco me ha supuesto turbación alguna la aceptación de los artículos adicionales que no se encuentran en el credo anglicano. Algunos los creía ya, pero ninguno de ellos ha sido para mí una prueba (…) Naturalmente, estoy muy lejos de negar que cada uno de los artículos del credo, tal como los admiten católicos o protestantes, no estén envueltos en dificultades intelectuales y es patente que yo no soy capaz de resolverlas. Hay personas muy sensibles a las dificultades de la religión; yo soy tan sensible a ellas como cualquiera; pero nunca he podido ver la conexión entre percibir estas dificultades, por vivas que sean y mucho que se multipliquen, y la duda, por otra parte, sobre las doctrinas a que van inherentes. A mi entender, diez mil dificultades no hacen una duda; dificultad y duda son cantidades inconmensurables. Puede, naturalmente, haber dificultades en la demostración; pero yo hablo de dificultades intrínsecas a las doctrinas mismas o a sus relaciones con otras. Uno puede estar fastidiado por no poder resolver un problema matemático, cuya solución se le ha dado o no se le ha dado, sin dudar de que tiene solución o que una solución particular es la verdadera.” (John Henry Card. NEWMAN, Apologia pro vita sua. Cap. V: Mi estado de espíritu desde 1845, in princ.)

¿Tiene sentido empezar este tema con una cita de Newman sobre la Fe, las dificultades y la duda? Sí (y de hecho será continuo punto de referencia en nuestro estudio): la exquisita finura con que el autor matiza la diferencia esencial entre las dificultades y la duda en el asentimiento de fe, le lleva a afirmar de forma lapidaria que diez mil dificultades no hacen una duda. Una afirmación ejemplar para distinguir también entre las incomodidades y contrariedades en la vida matrimonial (normales, por otra parte) y el desamor o el fracaso dentro del matrimonio.

¡Cómo nos queríamos al principio!...

La fe que uno tiene en lo que dice otra persona no se fundamenta tanto en la evidencia de lo que afirma como en la confianza que nos inspira esa persona. Por este motivo podemos tener dudas acerca de informaciones que nos llegan y que no parecen en sí descabelladas -por ejemplo, cuando otro compañero del trabajo anuncia una subida de sueldo superior a la esperada o unas vacaciones más prolongadas-; mientras que no dudamos de lo que dice alguien digno de nuestra confianza, aunque haga afirmaciones casi increíbles (como la madre que nos dice que ha visto por la calle paseando a quien considerábamos postrado en silla de ruedas para el resto de su vida).

El amor a otra persona hace que crezca la confianza en ella. Más aún: permite que quitemos importancia a los pequeños errores que comete. Y en el caso de descubrir grandes errores, ese amor -que no ingenuidad- sabe disculparlos con excusas que salvan la intención con que actuó o al menos recuerdan sus aciertos anteriores.

En el noviazgo suele darse un primer enamoramiento bastante superficial. Sólo conforme pasa el tiempo va tomando cuerpo un amor más personal: siguen vivos los afectos sensibles, pero bajo esos rasgos físicos y de carácter que nos atraen, descubrimos a otra persona con la que empezamos a plantearnos compartir el resto de nuestra vida.

Cuando un hombre y una mujer deciden casarse (sellar ante testigos cualificados un compromiso con carta de naturaleza que los vincule de por vida), cada uno conoce que puede cruzarse en su vida otra persona cuyas características le “deslumbren”. Sin embargo, sabe también que la “esencia” de su amor no son los sentimientos -aunque sean buenos y convenientes para un amor verdaderamente humano- sino la voluntaria entrega personal.

Si estas ideas se difuminan y el matrimonio permite que su relación no llegue más allá del sentimiento, corre el riesgo de derrumbarse cuando dicho sentimiento se enfría o cuando en la vida de uno de los cónyuges se cruza otra persona que despierta un nuevo enamoramiento (sentimental).

Es entonces cuando se plantean dudas donde sólo debería haber dificultades. Y se interpretan los pequeños roces normales de la convivencia como desprecios y muestras de desamor. Y se pregunta uno si no habrá sido un error casarse. E incluso -en un alarde de “falsa humildad”- llega a considerarse incapaz de adoptar un compromiso “de por vida” con otra persona, porque comprueba que sus sentimientos son volubles (y piensa que el amor humano se reduce a sentimientos).

Y nos asalta un pensamiento melancólico que va tomando cuerpo día a día: ¡Cuánto nos queríamos al principio!...

El noviazgo (necesario) tiene un sentido

Cuando un chico y una chica se enamoran y se declaran mutuamente su amor se establece entre ambos una relación de noviazgo.

Como hemos dicho antes, al comienzo de esa relación prima el sentimiento: el aspecto físico, el modo de ser, el tono de voz, la mirada… Todo lo que vemos en el otro hace que nuestro pensamiento gire en torno a esa persona que… ¡con su sola presencia nos produce hasta escalofríos y nerviosismo!

El trato hace que ese sentimiento -sin llegar a desaparecer nunca- dé paso a un amor más profundo, que descubre detrás de esa mujer o de ese hombre a una persona: nos atrae, ¡sí!, pero -como persona- tiene su propia historia (de la que es protagonista) y deseamos que se entrelace con la nuestra (de la que somos nosotros los protagonistas)... para interpretar juntos una “película” con un “actor” y una “actriz” principales (dos protagonistas: ¡nosotros dos!)

Como el noviazgo no es todavía un compromiso definitivo, se puede dar marcha atrás en la relación. Pero como sí se orienta a un compromiso definitivo, tampoco se trata de una relación trivial: en la vida de los novios se cruzarán otras personas que les parezcan atractivas y que, sin embargo, no serán obstáculos para seguir adelante con esa relación de mutuo conocimiento. Porque en el noviazgo no sólo se da una atracción (sentimiento) entre los novios, sino que se reconoce también una declaración de amor personal (acto libre).

Por esta razón hay que orientar el noviazgo hacia el conocimiento personal de quienes se encuentran enamorados. Las manifestaciones de afecto han de existir (manifestaciones propias de la entrega en el noviazgo y no manifestaciones de amor matrimonial). Pero si el noviazgo se reduce a esas manifestaciones afectivas (aunque sean apropiadas), puede ser el preámbulo de un fracaso matrimonial, por no favorecer el conocimiento entre los novios.

Nos hemos casado. Y ahora… ¿qué?

La libertad humana es tan grande que un hombre y una mujer pueden comprometerse de por vida el uno con el otro en una entrega de amor personal (con cuerpo y alma): eso es el matrimonio.

Sin embargo, no basta con esa decisión. Hay que alimentar el fuego del amor con pequeñas ramas que, día tras día, mantengan viva la hoguera. Y el primer peligro que nos encontramos es -como en cualquier relación personal prolongada- la rutina.
Esa rutina o acostumbramiento al otro lleva a abandonar los detalles pequeños que, con ilusión, tenían entre sí el hombre y la mujer cuando eran novios. La experiencia demuestra la necesidad de que ambos sigan esforzándose -cada uno- por conquistar al otro cada día dentro del matrimonio.

A ese peligro de la rutina (con manifestaciones de descuidos en el arreglo personal y de desinterés en las cosas pequeñas de la relación) se añade otro no menos importante: la falta de comunicación.

Ambos riesgos actúan como un explosivo retardado para la relación matrimonial. Fácilmente se produce, entonces, que uno de los cónyuges perciba la rutina del otro como desinterés o incluso como desprecio (y ambos van distanciándose afectivamente, casi sin darse cuenta, por su falta de comunicación…).

Cuando se caldea el ambiente…

La falta de comunicación entre los cónyuges desarrolla un ambiente frío. Y se da entonces la siguiente paradoja: el hogar es el lugar en el que cualquier persona se refugia para descansar de la tensión acumulada dentro del trabajo y en la calle; sin embargo… es tan dura la sensación de frío que en él encuentran los cónyuges cuando llegan a esa situación que -casi inconscientemente- empiezan a retrasar la vuelta del trabajo o a buscar la compañía de otros amigos antes de ir a casa (como un “placebo” para paliar la falta de afecto que les espera en su hogar).

Es una situación anormal. El matrimonio está “enfermo” (y tiene subidas y bajadas de “fiebre”). Entonces, sin solución de continuidad, se pasa de la “indiferencia” en el trato al “encendimiento explosivo” contra el otro.

El motivo de esos encendimientos puede ser insignificante: un retraso, el descuido de un pequeño encargo que nos han dado, la falta de atención a los detalles en la vida del otro (un aniversario que pasa “sin pena ni gloria” -con una celebración rutinaria-, un “no caer en la cuenta” de algún aspecto en el modo de vestir), etc.

Sabemos que un alfilerazo provoca que un balón de fútbol se desinfle, pero éste puede ser reparado antes de perder todo el aire. Sin embargo, si el alfilerazo se aplica a un globo hinchado (con paredes evidentemente más delgadas que el balón), el globo revienta.

De igual forma, el matrimonio “tenso” por la incomunicación (débil, como las paredes del globo hinchado) “explota” ante el alfilerazo de una pequeña contradicción. Se hacen presentes los recuerdos de agravios que cada uno iba anotando desde tiempo atrás en el interior de su alma (anotados en uno de esos rincones oscuros -sin airear- que se han ido formando en el alma por la falta de comunicación). Y afloran esos agravios en un “diálogo” que es monólogo porque ninguno busca escuchar al otro sino sólo “restregarle” tantas heridas que aún permanecen abiertas…

¡Alarma! ¡Arden las palabras!

Todos -por ser personas humanas- tenemos pasiones. Y éstas no son buenas ni malas. Sólo llegarán a serlo según la orientación libre que les demos. Cuando la pasión nos domina, en cualquier caso, el resultado de lo que hacemos es siempre negativo (tanto si se trata de una pasión “positiva” como la alegría -que degenera en euforia- como si es “negativa” -caso de la tristeza que lleva a la desesperanza-).

Si el rencor acumulado hasta que estalla la discusión enciende la ira, la lengua se suelta y ambos cónyuges se dicen cosas que jamás afirmarían en una situación de serenidad.

Al descubrir esto, cualquiera de ellos que lo haga debe “rehuir el envite” y evitar la confrontación. Aunque sea ausentándose físicamente por unos momentos (quizá horas), retirándose a otra habitación. Y debe hacerlo porque cualquier frase pronunciada en esas circunstancias de iracundia resultará hiriente, mordaz, irónica… y destrozará más aún la poca “vida” que le queda a un amor conyugal “enfermo” que en esos momentos se encuentra en la “UVI”.

Habitualmente, ambos reconocen que en algo han fallado (aunque piensen que la mayor parte de la culpa la tiene el otro: “que no me comprende” o “que no corresponde como debe a tanto sacrificio como hago por él/ella”). Por eso, a esas situaciones de máxima tensión suelen seguir periodos de silencio sólo interrumpidos por frases cortas (no hirientes, pero sí secas: que hacen también daño porque manifiestan una aparente frialdad a pesar de lo ocurrido). Y todo a la espera de que “el otro se dé cuenta” por fin de su error y pida perdón…

Ha pasado la “tormenta” pero no el peligro de hundimiento. El paso del tiempo no cura nada en estos casos. Lo más que puede es permitir que la “herida” cierre en falso (“herida” que sigue infectada y que -al crecer la infección- sigue produciendo molestias y dolor… ¡hasta abrirse de nuevo con cualquier roce!)

Volverá una nueva “tormenta” (quizá más fuerte y de peores consecuencias que la anterior) cuando llegue el momento oportuno. Si no se pone remedio…

Lucha en positivo: -"¡Te quiero!" (díselo…)

Hay que aprovechar el periodo de silencio (posterior a la “tormenta”) para tomar decisiones positivas. Cuando se ha apagado el acaloramiento de la discusión y el encendimiento interior (es decir, el apasionamiento contra el otro) podemos volver a hablar:

¿Cuánto tiempo hace que no has dicho a tu mujer que la quieres? ¿Cuánto llevas sin decir a tu marido que desearías “comértelo a besos”, que no existe en el mundo ningún hombre como él?...

«¡Amor mío, te quiero mucho! Perdóname todo lo que te dije en esa discusión. Soy un tonto. Estaba “encendido” y no me daba cuenta de lo que decía. Te quiero con toda mi alma. Eres la mujer de mi vida y te necesito. Pero soy como un niño chico: necesito que me perdones, que me comprendas y que me ayudes. ¡Te quiero tanto!... Querría volver a enamorarte como cuando éramos novios. Pero ya no somos novios: nos hemos entregado libremente de por vida. Por eso no puedo imaginar mi vida al margen de ti.

»Soy débil. Pero el orgullo me ha llevado a esconder esa “debilidad” y a mostrarme autosuficiente. Quiero pedirte que hablemos más. Deseo que conozcas siempre cuáles son mis sentimientos. Quiero manifestarte el amor que te tengo. Si alguna vez no lo hago… piensa que es por orgullo, que es el niño tonto y caprichoso que llevo dentro quien actúa, y no yo. Porque yo -recuerda en los momentos difíciles lo que estoy diciéndote ahora- te amo con toda la capacidad de amar a una mujer que Dios mismo ha puesto en mi corazón.»

(Puede ser éste un modelo de diálogo. Ninguna mujer enamorada permanecerá insensible ante esa declaración humilde y sincera. Tampoco ningún hombre, si la mujer manifiesta sentimientos semejantes).

El amor no vive “del aire”. Los amigos que no se ven, que no muestran con hechos -o al menos con palabras- su amistad, saben que ésta acabará desapareciendo. Por eso procuran salvar las distancias si se encuentran lejos: mediante el teléfono o escribiéndose (como aquél que, de forma -eso sí- un tanto cursi, tranquilizaba al amigo a quien no veía desde años atrás, escribiéndole: «No te preocupes: la amistad que nos une es más grande que la distancia que nos separa»). Y cuando están cerca necesitan manifestarse de alguna forma (quedando y hablando) el afecto propio de la amistad.

En el amor entre un hombre y una mujer (el enamoramiento o el eros) sucede algo parecido, pues al fin y al cabo es otro tipo de amor humano. Por eso, en el matrimonio, cada cónyuge -aunque convivan bajo el mismo techo y duerman en el mismo lecho- necesita también decir “te quiero” y escuchar “te quiero”. Y no es excusa pensar: “¡ya lo sabe!”, porque para avivar el amor no basta con saber que es así: hay que percibir, sentir, escuchar que es así. Esta es la lucha positiva que salvará el amor (y aun lo acrecentará) en momentos de crisis: las muestras frecuentes de cariño.

Y cuando resulte costoso mostrar el afecto -porque la relación atraviesa un momento difícil-, debo recordar que esa mujer (o ese hombre) no es sólo una persona que me atrae: sino alguien que libremente quiso embarcarse en la aventura de compartir toda su vida conmigo, entregándose a mí… (No sólo Dios, también otras personas que asistieron a nuestro matrimonio son testigos cualificados que pueden ayudarme a avivar ese recuerdo cuando mi mente se “oscurezca”…). Así evitaremos que las pequeñas dificultades se conviertan en un obstáculo insuperable: porque, cuando hay amor, diez mil roces no constituyen una ofensa, diez mil contrariedades no equivalen a un fracaso, diez mil pequeños descuidos no hacen un desprecio...

jueves, 19 de junio de 2008

Conyugalia: No da lo mismo esperar a tener hijos

No da lo mismo esperar a tener hijos

Cuanto más se retrasa la maternidad, hay más problemas de infertilidad y más riesgos para la madre y el hijo. Así lo advierte Ulla Waldenström, profesora de cuidados del Karolisnka Institutet, en un libro cuyas tesis comenta un artículo publicado en Svenska Dagbladet (19-05-2008).

Fuente: Svenska Dagbladet en www.aceprensa.com Fecha: 3 Junio 2008

“¡No da lo mismo esperar a tener hijos!”, advierte la comadrona y profesora de cuidados del Karolisnka Institutet Ulla Waldenström. La edad a la que se tiene el primer hijo es cada vez más alta, lo cual aumenta el riesgo de que nazcan niños prematuros o con el síndrome de Down.

Cuando las parejas suecas de hoy tienen su primer hijo, la edad media de la mujer es 29 años y la del hombre 30, o sea cinco años más tarde que la generación de sus padres.

En el libro (1) que ha publicado, Ulla Waldenström comenta los problemas que surgen de estas situaciones, como por ejemplo: la necesidad de recurrir a la procreación asistida, más familias sin hijos o con hijos únicos, complicaciones en el embarazo para la madre y el hijo.

La mayoría de los jóvenes suecos declaran que quieren tener hijos en algún momento; eso sí: no más de dos. Sin embargo, lo que no tienen en cuenta es que si esperan demasiado tiempo pueden ser sorprendidos por la infertilidad. Aunque recurran a la procreación artificial como solución al problema, el éxito dependerá también de la edad de los padres.

Es sabido que a mayor edad de la mujer, menos fertilidad, y que esta disminución es más drástica después de los 30 y más considerable aún a partir de los 35. También la fertilidad de los hombres comienza a disminuir después de los 40.

Si el primer hijo se tiene después de los 30, la probabilidad de que ese niño tenga hermanos disminuye. Según una investigación hecha entre estudiantes universitarios, más de la mitad de los jóvenes quieren tener el último hijo entre los 35 y 44 años, es decir cuando la fertilidad es bastante más baja.

En cuanto a las complicaciones médicas relacionadas con el retraso de la maternidad, está sobre todo el aumento del riesgo de síndrome de Down. Pero, al haber un envejecimiento general de todo el cuerpo, también se dan otras complicaciones, como parto prematuro –algunas veces antes de la semana 33–, niños que pesan menos de 1,5 kilos o que mueren durante el embarazo o poco tiempo después del nacimiento. En las mujeres que tienen el primer hijo cuando son mayores de 35 años estos riesgos se duplican en relación con las que son madres entre los 20 y 25 años.

Ulla Waldenström señala que la edad media de las madres primerizas tiene que bajar unos cuantos años para que disminuyan las madres con partos difíciles y se salven más vidas de niños prematuros. Para modificar este comportamiento se necesita información, un cambio de actitud y medidas políticas.

Por ejemplo:

  • Aumentar las ayudas a los padres jóvenes para que puedan adquirir estabilidad en el mercado de trabajo.
  • Un cambio de actitud en los empleadores para que dejen de preguntar a las mujeres jóvenes durante las entrevistas de trabajo si piensan tener hijos en un futuro próximo.
  • Los hombres deben aprender acerca de los límites de fertilidad en relación con la edad. Las mujeres quieren, en general, tener hijos cuando son jóvenes de una forma más intensa que los hombres. Deberían aprender también que la fertilidad es un problema para las mujeres y para los hombres por igual.

(1) Vänta med barn? Det är kris i befruktningsfrågan! Karolinska Institutet University Press, 2008.

lunes, 9 de junio de 2008

Conyugalia: Los celos (II)

LOS CELOS (II)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, una de las causas mas problemáticas y para las que las parejas buscan soluciones en los profesionales de la terapia conyugal son los celos.

Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/celos.htm

4.- Diferencias en cuanto al rol sexual

Los análisis realizados en distintos estudios vienen a decir que las diferencias mas marcadas entre hombres y mujeres se dan en el significado que se le asigna al sexo. Por lo general en la relación de las mujeres con el sexo predomina el afecto, la cercanía, lo intimo. Los hombres por su parte relacionan el sexo con logros personales, con la aventura, el control o la pura liberación física. Ella dice "después de un día sin hablarnos como esperas que tenga ganas de hacer el amor"; el dice "hacer el amor es un modo de acercarnos".

Para las mujeres pues el sexo satisfactorio se da en el contexto de una relación cargada de afectividad, pero los hombres es mas fácil separar sexo de afectividad. Cuando la mujer habla de contacto suele referirse a la intimidad que nace de la expresión verbal, de los sentimientos y pensamientos compartidos. Para el, el contacto físico es la esencia de la intimidad.

¿Cómo responden los hombres y las mujeres a los celos?. Parece que la respuesta mas común entre la población de ambos sexos es hablar acerca de ello con el compañero/a. Entre las mujeres la segunda respuesta fue ignorar el asunto, no así entre los hombres. Por ultimo la tercera respuesta para hombres y mujeres es el decir que se sienten heridos.

Entre las mujeres las respuestas conductuales mas comunes son el llanto, el enfurruñamiento y el mostrarse heridas. En cuanto al hombre es mas probable que exprese sus sentimientos atacando, diciéndole a su compañera que lo ha herido y exigiéndole que deje de hacerlo.

Hombres y mujeres responden de forma diferente al descubrimiento de que sus compañeros están teniendo un amorío. Los hombres tienden a estallar de cólera, que en casos extremos se expresa violentamente, y a abandonar la relación. Las mujeres por su parte, tienden a responder con depresión, culpándose a si mismas, e intentando recuperar al hombre. Es posible, por ejemplo, que hagan esfuerzos por volverse mas atractivas o por despertar los celos de su compañero. Una interpretación de esto es que los hombres intentan mas proteger su autoestima, mientras que las mujeres se esfuerzan mas bien por mantener la relación.

Cuando ellos preguntan, lo hacen, sobre todo por detalles de la relación sexual y comparándose con el rival; cuando ellas preguntan, lo hacen, intentando saber el daño a la relación de pareja y los detalles íntimos que la otra persona haya podido conocer de su persona.

Las mujeres son mas proclives que los hombres a considerar la relación como central para su identidad y procuran encontrar en ella un sentido que abarque su vida entera. Los hombres tienden a identificarse mas con sus papeles profesionales, y eso podría explicar que cuando descubre un amorío, esta demasiado ocupado para arreglarlo y el mejor camino es romper la relación con lo que cree ganar tiempo y autoestima.

Otra diferencia entre hombres y mujeres es que estas ultimas parecen mas proclives a inducir los celos al compañero con lo que suelen tener un poder indirecto sobre la relación. Cuanto mas poder tiene una persona en el seno de la relación mas propenso es a responder a la situación con ataques de furia o abandonando la relación, mientras que la persona mas débil se comporta de modo mas femenino "llorando", "tratando de volverse mas atractiva" o "tratando de despertar celos en su compañero".

5.- Celos y cultura

Según el enfoque psicosocial los celos no son solo simplemente un fenómeno psicológico que ocurre en la mente de un individuo, sino un fenómeno social, producto del crecimiento de la persona en una cultura determinada, y están anclados en las decisiones básicas que se han tomado en esa cultura acerca de cuestiones tan fundamentales como la supervivencia física y el modo de buscar compañero. Estas decisiones vienen a integrarse en las costumbres, la moral y las leyes de la cultura. Le indican al individuo lo que se considera valioso y debe de ser protegido de una posible perdida, de tal modo que cada cultura define las situaciones que desencadenan la respuesta de celos.

La mayoría de los estudios vienen a decir que los celos son universales y aunque alguna cultura puede socializar a la gente para que no exprese los celos, no puede evitar que sientan celos cuando perciben que una amenaza se cierne sobre una relación valorada.

6.- Como hacer frente a los celos sentimentales.

Una de las preguntas mas frecuentes que hacen las personas con problemas de celos es saber si se pueden vencer, y la respuesta es que sí, pero con un gran esfuerzo.

De un modo general hacer frente a un problema no implica que se logre vencer los elementos dañinos, la amenaza o el desafío, sino que se hacen esfuerzos tendente para dominarlo. Algunas estrategias como hablar con el compañero o aprender cosas de usted pueden ser adaptativas aunque no solucionen el problema, pero otras respuestas generalmente violentas pueden tener efectos desastrosos.

Una estrategia eficaz siempre implica cuatro partes o etapas:

Tomar conciencia del problema

Asumir la responsabilidad de hacer algo al respecto.

Alcanzar una cierta claridad en cuanto a lo que es preciso hacer y que se puede hacer.

Desarrollar nuevas herramientas, y mejorar el alcance y la calidad de las viejas herramientas.

Tomar conciencia del problema supone empezar a reconocer "que puedo hacer como persona para modificar la situación para que mis celos no aparezcan tan fácilmente". En una crisis de celos lo primero es conocer que pensamientos anudan en la persona "miedo a la perdida", "sentimientos de humillación", etc. Una vez identificado el núcleo de los celos es necesario saber porque esta respondiendo como lo esta haciendo. ¿Es a consecuencia de una amenaza real a la relación o por su propia sensibilidad?.

6.1.- El enfoque conductista de los celos

Los conductistas parten del supuesto de que las causas de un problema de celos, y las soluciones para resolverlo, existen en el medio actual, aun en el caso de que el acontecimiento desencadenante de los celos haya ocurrido en otro tiempo y lugar.

Para los conductistas los celos son aprendidos y pueden ser desaprendidos sustituyéndolos por una respuesta mejor.

Existen varios procedimientos:

La desensibilización sistemática de todas aquellas cosas o situaciones que provocan celos .

Terapia racional-emotiva que distingue entre celos racionales y celos irracionales. Los celos racionales están basados en experiencias reales, mientras que los irracionales están basados en pensamientos irracionales del tipo "es horrible que mi marido este interesado en otra persona, no puedo soportarlo". Si en vez de decir esto se dice cosas como "esta situación no me gusta nada", "que desagradable es todo esto" o "querría que mi pareja se dedicara exclusivamente a mi"; la consecuencia afectiva será decepción, arrepentimiento o irritación pero nunca unos locos celos.

Técnica de implosión. Las personas atormentadas por los celos suelen tener una escena traumática. Los hombres suelen tener la imagen sexual como la mas desencadenadora de celos, mientras que las mujeres suelen imaginar escenas de gran intimidad. Algunos psicólogos creen posible eliminar las emociones asociadas con esta escena traumática. Para este tipo de escenas se suele utilizar una terapia de implosión.

Otra técnica es la llamada "honestidad escrupulosa" que supone una autentica terapia de implosión. Con esta técnica se pide al compañero no celoso que inunde al compañero celoso narrando en detalle todo lo que ocurrió durante el día de tal forma que le ayude a disipar la angustia y la inseguridad.

Otra técnica es la técnica de la "vaca holandesa". Es una técnica donde a la pareja no celosa se le pide que llame a intervalos regulares al otro compañero y le diga que esta haciendo a cambio de que la pareja celosa también revele su paradero y sus tareas. Aunque no esta claro si esta técnica ayuda a recuperar la confianza en la pareja, sin duda ayuda a cortar la conexión entre la ausencia temporal de la persona y los celos; y se sustituye por una conexión entre las llamadas telefónicas y el fastidio.

Otra técnica es la técnica de inversión de papeles. Consiste en pedirle al cónyuge traicionado que escriba una defensa convincente del cónyuge que tuvo el amorío y al cónyuge que tuvo el amorío que escriba una defensa de los celos del cónyuge traicionado.

Otra técnica es la técnica de la simulación. En esta técnica se le pide a la persona celosa que se comporte como si el o ella no estuvieran celosos. El supuesto subyacente es uno de los supuestos básicos del enfoque conductista – si una persona puede llegar a controlar su comportamiento celoso y actuar de una manera no celosa, puede aprender a percibirse a sí misma como una persona no celosa. El comportamiento celoso con sus demandas de atención, su insistencia en los interrogatorios, sus quejas, su recriminación de culpas, suele provocar una reacción negativa por parte del compañero.

Otra técnica es la llamada técnica de "la vuelta de la tortilla". En esta técnica se invierten los papeles y se le pide a la persona no celosa que adopte determinado tipo de conductas celosas.

jueves, 5 de junio de 2008

Conyugalia: La crísis de pareja (IV)

LA CRISIS DE PAREJA (IV)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez mas las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.

Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm

Decálogo para la convivencia conyugal

Estar siempre dispuesto a dar y recibir amor.

Tener muy en cuenta que lo importante es lo pequeño

Luchar por no ser tan hipersensible en la convivencia

Procurar evitar discusiones innecesarias

Tener capacidad de reacción tras momentos/días difíciles

Cuidar el lenguaje verbal y no verbal, sabiendo que cualquier conducta humana se apoya en la comunicación: respeto, comprensión, delicadeza

Poner el máximo empeño para que no salga la lista de agravios

Tener el don de la oportunidad

Todo comportamiento necesita de un cierto aprendizaje y la relación de pareja es un intercambio de conductas gratificantes.

Adquisición de habilidades de comunicación.

Diez conductas verbales positivas

Lenguaje habitual concreto y bien especificado: los 3 niveles de la comunicación han de ser claros: emisor-mensaje-receptor. Cuidar el volumen y tono de voz, evitando el sarcasmo cruel y la lista de desagravios.

Tener siempre una visión positiva de la vida en pareja, sin desconocer las dificultades de la vida en pareja, pero descubriendo lo bueno y gratificante que puede ser la vida en pareja.

Gratificaciones orales frecuentes: pequeños elogios, palabras amables, comentarios positivos, frases cariñosas, elogios al físico, etc.

Procurar que existan conductas asertivas

Evitar formulas negativas categóricas tajantes: nunca, jamás, intolerable, inaguantable

Sinceridad pero evitando la crudeza, hay que utilizar la mano izquierda

Aprender a no dramatizar y no convertir las dificultades en asuntos insalvables.

Unificar códigos de conducta en cuanto a la educación de los hijos

Diez conductas no verbales positivas

Cuidar el aspecto físico desde la higiene personal hasta el vestido

Cultivar expresiones faciales de afecto: miradas tranquilas, sonrisas acogedoras, miradas simpáticas.

Después de un enfado, de una situación de tensión, evitar silencios muy prolongados.

En circunstancias de crisis aprender a tener guiños de acercamiento

Acompañar el dialogo con gestos de aprobación

Frenar los hábitos cognitivos negativos

Tener el don de la oportunidad

Perdonar y saber olvidar

jueves, 15 de mayo de 2008

Conyugalia: La crísis de pareja (II)

LA CRISIS DE PAREJA (II)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez mas las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.
Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm

Algunos consejos prácticos para mejorar la relación

Debemos de partir de determinadas premisas sobre el concepto de amor en la pareja. El amor es un intercambio complejo de conductas relacionadas entre las que se establece un continuum gratificante; para mantenerlo es necesario un aprendizaje, no se puede quedar en algo afectivo o un sentimiento (ya que eso solo son las imágenes que tienen los adolescentes cuando experimentan el amor) sino que tiene que ser un verdadero intercambio gratificante para los dos miembros de la pareja.

Actualmente la Psicología cuando la trata la prevención de la ruptura de pareja, se apoya en un modelo de objetivación, mediante el cual se exploran cuales son las conductas positivas, y cuales las negativas, con el fin de extraer un listado de peticiones reciprocas. El primer paso a tomar es la identificación del problema. Para poder evaluar el problema es necesario apoyarse en instrumentos de medida (cuestionarios) para objetivar la relación y hacer un seguimiento de la terapia. La información que se debe de pedir debe de ser claramente objetiva. Cada uno de los miembros de la pareja debe de pedir claramente que conductas quiere se incrementen en su pareja y cuales deben de reducirse o desaparecer.

A partir de este inventario de conductas se elabora un programa de conducta concretando los objetivos de cada uno, haciendo que se respeten estos puntos trazados. El objetivo de este programa terapéutico es que establezcan comportamientos de aproximación a trabes de las cuales ambos aprendan de nuevo a gratificarse.

También es importante tener un esquema biográfico de la pareja que debe de incluir los siguientes aspectos:

¿Como se conocieron?

¿Qué aspecto fue el que mas le interesó / agrado de la otra persona?

¿Cómo fueron las relaciones al principio?

¿Resumen del último año?

¿Cómo han sido las relaciones sexuales?

¿El día a día en la actualidad?

¿Periodicidad de las discusiones?.

¿Relato verbal de alguna discusión para observarla en directo?

¿Que argumentos/insultos/improperios se dicen en el curso de una discusión?

¿Como suelen acabar esos enfrentamientos?

¿Qué es lo mas difícil en la convivencia actual?

Actividades gratificantes que pueden hacer en común.

Tema de los hijos

Deseos y expectativas para que el matrimonio funciones

Borrón y cuenta nueva

Lo primero que se debe hacer para empezar a arreglar una situación difícil es necesario asumir y digerir el pasado, ya que a veces la incapacidad para superar un pasado difícil y/o traumático es la llave que abre la puerta de la ansiedad. La facultad de perdonar tiene dos etapas, una primera inmediata que supone acercarse al otro y disculparle, la otra mas tardía que supone ir olvidando. La terapia psicológica debe de ser una terapia verbal encaminada a olvidar rencores, a convencer a ambos que una persona que vive de recuerdos dolorosos no llega a sanar nunca. Es bueno en las primeras fases obligar a ambos componentes de la pareja a llevar un diario donde se le recuerden estas cosas.

Esforzarse por no sacar la lista de agravios

Este es el segundo punto de partida. La lista de agravios es ese inventario de pequeños y grandes errores, fallos y defectos y fracasos que se acumulan tras la convivencia. En las primeras fases de la terapia es bueno evitar que salgan estos "trapos sucios" continuamente que hacen que no se puedan superar experiencias antiguas.

El respeto mutuo en 3 direcciones.

El respeto se rompe por tres flancos diferentes, pero complementarios: palabra, obra y gestos. Los tres tienen una raíz común: la consideración en el trato debe de basarse en el aprecio y la dignidad de la persona.

El respeto de la palabra tiene una gran fuerza: aprender a controlarse, ser dueño de uno mismo y no perder la calma. Las palabras duras, hirientes, venenosas, cargadas de acusaciones y descalificantes van a dejar una honda huella en quien las recibe. Quien sea capaz de dominar su lenguaje será capaz de iniciar una relación mas gratificante.

En segundo lugar esta el trato de obra, son los malos tratos, la crueldad, la agresividad.

Por ultimo esta el lenguaje de los gestos:: en este epígrafe se incluyen los gestos, muecas, caras largas, aspavientos, maneras desafiantes, etc. En esta etapa hay que practicar la imitación, el modelado de conductas.

Por ejemplo se pueden realizar ciertos ejercicios de comunicación: se graban en cinta magnetofónica o en video y, mas tarde con la ayuda del terapeuta, se van analizando los errores cometidos. El terapeuta debe diseñar una guía de discusión:

1.- Cada comunicante es a la vez emisor y receptor de mensajes. La primera medida es que el intercambio de mensajes sea fluido, cuidando lo que uno dice y hace, a la para que siendo buen interprete de lo recibido.

2.- Hay que conseguir que el mensaje sea claro, conciso y reconocible por un observador objetivo.

3.- Para discutir hay que tener una premisa básica que es querer buscar una solución, ya que si no se arranca de esto, las discusiones solo sirven de desahogo y para sacar a la luz la lista de agravios.

4.- Aprender a eludir las áreas sensibles y dolorosas.

5.- Aprender a centrarse en el tema sin aludir a hechos pasados o suposiciones.

Para estar con alguien hay que estar con uno mismo

Hay personas cuya constante de desarrollo ha sido la inestabilidad afectiva, personas que han tenido varias uniones sentimentales y todas ellas acabadas en fracaso. Con este tipo de personas hay que hacer un tratamiento especial porque la pareja para ellos quizá no pueda funcionar.

La vida conyugal tiene que ser argumental

El aburrimiento es uno de los grandes enemigos de las parejas modernas. La vida humana tiene que ser argumental: ha de tener unos objetivos, unos proyectos, ilusiones y motivos para andar juntos.

lunes, 12 de mayo de 2008

Conyugalia: La crísis de pareja (I)

LA CRISIS DE PAREJA (I)

En los últimos años parece que cada vez se da un índice desmesurado de separaciones y crisis conyugales, aunque también es verdad que cada vez mas las parejas buscan soluciones en los profesionales del comportamiento.
Publicado en http://personales.com/espana/madrid/apsired/crisis-de-pareja.htm

En la vida cotidiana en pareja todo gira siempre a torno a pequeñeces cotidianas que emergen una y otra vez intentando romper la estabilidad lograda. Hay que decir antes de nada que en toda relación de pareja sobrevienen crisis o momentos difíciles que son completamente normales y que se inscriben dentro del proceso normal de maduración conyugal. La vida en pareja tiene una serie de etapas bastante estandarizadas que pueden llevar a situaciones de riesgo, sin embargo son crisis de crecimiento, de compenetración y maduración. De un modo general podemos distinguir los siguientes periodos:

Etapa de formación de la estabilidad de la pareja. Es aquella fase inicial posterior a la fase de enamoramiento cuando se atraviesa la barrera de estar con uno mismo a pensar que se esta con una persona con la que se puede llegar a compartir la vida.

Etapa de afirmación. Es la etapa de los primeros años de la unión estable de la pareja, bajo un mismo techo. Las personalidades están madurando pero es un proceso de adaptación costoso donde cada miembro de la pareja intentara imponer sus condiciones y en esa búsqueda del equilibrio estará el triunfo de la relación. Es una etapa donde tiene que reinar la tolerancia, el saber escuchar y llegar a compromisos. Suele ser la etapa de la llegada de los hijos que suponen una fuente de estrés importante.

Etapa de la mitad de la vida. Es una etapa de análisis minucioso del tiempo vivido, una etapa de balances. Es una etapa peligrosa para la relación de pareja si esta no tiene unas bases fuertes. En esta época la pareja puede morirse por cansancio y aburrimiento entre ambos, no hay nada que decirse, no se comparten hechos, impresiones, ilusiones futuras. Por otro lado pueden aparecer relaciones extraconyugales, los miembros de la pareja se sienten impelidos por estímulos novedosos, el tercero/a en discordia, y además suele suponer una inyección para "el ego de la persona", ya que se ve con la capacidad para atraer y seducir a alguien. Si se dan relaciones extraconyugales las consecuencias serán negativas a medio o largo plazo para la pareja.

Etapa de la vejez. En esta etapa, la pareja que se ha mantenido firme y unida se une mas estrechamente y el amor se hace mas rico, mas autentico, comprensivo y sólido. Cuando han existido rupturas, la situación se experimenta de otro modo y es habitual que asomen sentimientos de culpa, frustración o desencanto, que dan una visión negativa y triste de la vida en común.

A continuación vamos a explicar que diferentes tipos de crisis pueden afectar a las parejas a lo largo de su relación:

Desgaste de la convivencia. En todas las parejas se dan crisis por el simple hecho de vivir juntos, es un desgaste normal. Una condición básica de la pareja madura es amar al otro con sus cosas positivas y negativas, pero después de haber intentado suprimir los ingredientes negativos que mas afectan a la armonía conyugal.

Crisis de identidad. Son aquellas situaciones donde uno de los miembros de la pareja empieza a preguntarse cosas sobre su vida familiar, profesional. Al hacer balance de su vida en pareja no se siente feliz o duda sobre si es la vida que quería llevar. Podríamos hablar de comportamientos inmaduros típicos de personas que no saben lo que quiere, personas que han crecido sin un modelo de identidad, que no se conocen a si mismas, que tienen fuertes contradicciones internas y muchas veces una absoluta falta de responsabilidad.

Infidelidades. Por regla general este tipo de crisis son graves y suelen deslizarse hacia la ruptura, están teñidas de fuertes tensiones emocionales y de un acentuado deterioro de la vida en pareja. A veces se mantiene la vida de la pareja gracias a la capacidad de renuncia y sufrimiento de una de las partes, que llega a tener comportamientos verdaderamente heroicos.

Intromisión de la familia política. En este tipo de crisis lo que suele suceder es que la actuación desacertada e inoportuna de alguna parte de la familia política provoca una situación difícil y cargada de tensiones psicológicas.

Excesiva dedicación a la vida profesional. Aquí la clave va a residir en un excesivo tiempo dedicado a la vida profesional. Se da mucho mas en los hombres, sobre todo profesionales liberales que cada vez tienen menos tiempo para el y su familia puesto que su trabajo le ocupa la mayor parte del tiempo. En estas situaciones muchas veces se encuentran relaciones extraconyugales que aun complican mas la situación.

Enfermedad psíquica de uno de los miembros de la pareja. Cuando uno de los miembros de la pareja sufren trastornos psicológicos o psiquiátricos se dan crisis importantes. Aunque afortunadamente la mayoría son trastornos pasajeros (ansiedad, depresión) a veces se dan auténticos problemas de tipo psiquiátrico (paranoia, delirios, esquizofrenia) que hacen muy difícil la convivencia.

Monotonía. Es la crisis que se da cuando la vida se vuelve vacía, insípida, uniforme, aburrida, insustancial, etc. En este tipo de crisis lo que falta son recursos para evitar la rutina y su pronostico puede mejorar si ambos miembros de la pareja hacen algo por combatir el tedio.

Ascenso profesional no compartido. Por lo general estas crisis tienen lugar porque uno de los miembros de la pareja ha tenido un importante ascenso profesional en breve tiempo, dejando a su pareja en un cierto desnivel. Generalmente se da mas en hombres; las mujeres no han seguido los pasos de ellos porque han tenido otras ocupaciones y porque el hombre cada vez hace menos vida familiar.